Catacuina (Vic, Barcelona)
Finales de enero de 2010, en Vic. Edificio del Seminari. Entro al aula donde vamos a empezar un curso de cortometrajes al que me había apuntado y, como de costumbre cuando soy alumno de algo, me siento en la última fila. Faltan unos minutos para la hora de inicio, así que todavía somos pocos y lentamente van llegando otras personas.
De repente, entra alguien por la puerta que mira hacia mi zona y levanta la mano: ¡ey! Yo iba sin gafas, pero me pareció que iba dirigido a mi. ¿Quién es? ¿Me conoce? Se va acercando y cada vez estoy más convencido de que no se dirigía a mi, porque no identifico a nadie conocido. Pero casi al llegar a mi, me dice:
- Ets el Javi, oi?
- Sí.
- Jo sóc el Surfzone.
¡Coño! Digo… ¡cáspita! Ese fue unos de esos momentos flipantes que recuerdas toda la vida (o de momento durante más de dos años, en mi caso). Resulta que a Ruben es la persona que está detrás de la cuenta Surfzone en Flickr, plataforma en la que éramos contactos desde hacía tiempo. El caso es que él se había quedado con mi cara, pero pese a que conocía perfectamente su cuenta (e interactuábamos con regularidad) yo no con la suya (soy un desastre para esas cosas, me pasa todo el tiempo y aprovecho para pedir disculpas a todos los que se puedan haber sentido ofendidos por ese motivo en algún momento; es mi mente, nada personal).
Así que hicimos el curso con una brillante obra cinematográfica incluída y después nos hemos visto bastantes veces. Ruben es un tipo inquieto que, hagas lo que hagas, él también lo ha hecho y mejor que tu… y eso sin contar el millón de cosas que hace que yo sería incapaz ni de plantearme. ¡Que tio!
Entre ese millón de cosas está la cocina. No es que le guste cocinar, es que me tiene siempre sufriendo cuando veo en su Twitter fotos de los platos más suculentos… que después suele publicar en su blog Catacuina.
El caso es que ahora, además de cocinar, se ha puesto a dar cursos de cocina en Calldetenes. En estas, un sábado de hace poco me dijo que si quería pasara por allí al mediodía que me invitaba a comer. Y como ya sabéis que no me duele trabajar en fin de semana, acepté y allí estaba a la hora indicada.
Al entrar al aula estaban todas las alumnas moviendo el bigote (figurado, no quisiera meterme en jardines) y sobre la mesa de trabajo de Ruben había un montón de platos: arroz chino (uso el genérico porque no recuerdo el nombre que me dijo), pollo al curry, patatas nosecomo, taboulé… ni lo recuerdo, pero eran muchas cosas. Me preguntó lo que quería pero preferí delegar esa decisión, así que me dio dos tuppers (ahora están de moda, ya que los usa el presidente Mariano) que todavía no le he devuelto y cuyo contenido era:
- Lasagna de hummus con berenjena
- Albóndigas
La cosa salió muy buena. El hummus me encanta, y con la berenjena estaba buenísimo. ¡Buf! Y las albóndigas estaban al punto de hechas (justo al límite de crudo para mi, que soy de supercocciones) y con una salsa espectacular. Intenté limitarme con el pan para mojar, pero debo confesar que no lo conseguí.
Gràcies Ruben!!
Fotos:

Hummus con berenjena
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Mapa (de donde el curso):
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La Barca (Salou, Tarragona)
Agradecer esta colaboración a David Herrero, nuestro corresponsal playero en la Costa Dorada
Con motivo del casamiento de mi amigo Sergio, decidimos desplazarnos a Salou 4 días para celebrar su despedida de soltero, y aprovechando que el martes día 1 hizo bueno, de calor, se entiende, dos integrantes de la expedición prolongamos nuestra estancia. Por la mañana playita, sol y fotos pre-veraniegas de rigor, sobre las 3 de la tarde, paseo de punta a punta de la costa para buscar el restaurante perfecto, el elegido, Restaurante la Barca, en la calle Colón, en la zona del acantilado.
Se puede elegir entre 3 menús, de 16€, de 18€ (ambos incluyen el IVA pero no la bebida) y un tercero de 15’80€ en el que entra de bebida una botella de vino pero según el plato que elijas se incrementa el precio equis euros.
Negociamos con el relaciones públicas del Restaurante una bebida por cabeza gratuita de cerveza, sangría o agua, así que optamos por el menú de 16€. Estaba bastante lleno el local y eso siempre suele ser buena señal. La verdad es que pensábamos que haríamos corto y nos la clavarían al pedir más gasolina, pero nada más lejos de la realidad, como se puede ver en las fotos.
El restaurante tiene una parte interior, moderna, con bastantes mesas y una terraza exterior bien montada y decorada (en la foto no se aprecia tanto). Comimos al sol, para broncearnos todo lo posible y pedimos:
- Primeros: mejillones a la marinera y puntillas. Los dos platos abundantes y sabrosos, las puntillas eran hermosas y había contenido, no solo era el rebozado.
- Segundos: ambos, arroz caldoso con cigalas, muy bueno….no pudimos con todo, por ponerle alguna pega, faltaba un poco de variedad en el contenido, que no cantidad (4 cigalas por plato, calarames, sepia y almejas).
- Postres: 2 bolas de helado con nata y fresas y coulant, de agradecer el detalle del restaurante ya que el coulant solo estaba en el menú de 18, pero como tenían de sobra (fuimos de los últimos en terminar cerca de las seis de la tarde), nos lo pusieron sin ninguna pega.
Para terminar: un cortado y carajillo de Bayleis, no entraba en el menú y se pago a toca teja.
Ah… como curiosidades el botón que hay en la mesa para llamar al camarero y el detalle, mientras esperábamos, de ponernos una tapa sorpresa: pescadito frito, muy bueno y abundante.
En resumen: buen precio, comida buena y buen trato. Recomendable para los 16 € que costó el menú.
Fotos:

Toallita de limón
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Mapa:
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Paiolet (Tortosa, Tarragona)
Paiolet es un restaurante pegado al río Ebro. Si un día queréis encontrarlo, no tiene pérdida: a pocos metros del monumento a los combatientes que hallaron gloria en la batalla del Ebro. Se trata del pedrusco de ensalzamiento del franquismo más grande que hay en Cataluña y, a 2012, allí sigue presidiendo el lugar (tremendo). Quien esté interesado en saber más sobre este tema puede leer esta opinión de Brian Cutts, que aboga por retirar el monumento. Aunque también hay quien opina todo lo contrario, como se puede leer en la web Generalísimo Franco. A leer, concretamente, el capítulo titulado La batalla del Ebro, victoria de todo el pueblo contra la decadencia nacional. El encuentro de España con si misma.
Pero vamos al restaurante, que es lo nuestro. Llegué allí al terminar un curso que había estado impartiendo a pocos metros. El curso en si terminaba a las 14 horas (una hora tarde para mi, que como a las 13), pero me quedé a redactar el informe final. Tuve unos problemas técnicos que me hicieron demorar hasta las 15.30 horas, y cuando ya con el trabajo terminado quise salir del edificio resultó que ya se habían ido todos y habían cerrado. Por fortuna, cuando me acerqué a la puerta para intentar adosarle un explosivo plástico sonó una alarma a toda leche y la señora de la limpieza, que ya había llegado, se enteró de que había alguien más en la casa y accedió a liberarme sin violencia ni rescate.
En fin, que entre unas cosas y las otras ya eran casi las cuatro y yo sin comer, acostumbrado como estoy a merendar a las cinco. Así que nada más salir de donde el curso me topé con la puerta del Paiolet y me metí sin pensarlo demasiado:
- ¿Se puede comer?
- Sí, pasa.
- Perfecto. ¿Dónde está el baño?
Y me fui al baño para desaguar pensando en comer ya con todos los deberes cumplidos. Mientras me lavaba las manos vi por el retrovisor que sobre la máquina dispensadora de papeles para secarse había dos bultos sospechosos. Hum… los dos bultos resultaron ser una cartera y un llavero con por lo menos un millón de llaves. Los cogí (con las manos ya secas) y de camino a mi mesa pasé por donde la jefa a entregarle el tesoro. Ella fue a preguntar a una mesa cercana a la mia y el propietario de los dos bultos dijo que lo era, me miró a mi con desdén y todavía estamos esperando la jefa y yo que haga un gesto. No ya de agradecimiento, dónde va a parar… con un mínimo de conformidad nos daríamos por halagados.
Y a todo esto, no sé qué ocurre que no llega la comida. Así que todavía a medio sentar, me dispongo a leer la oferta y me decanto por lo siguiente:
- Ensalada verde con virutas de parmesano y vinagreta de frutos rojos
- Canelones de setas y carne picada
- Mousse de chocolate blanco
- Agua (para beber)
Al minuto me informan de que no quedan canelones, así que al final el segundo fueron unos huevos fritos con jamón y patatas.
La comida estaba buena, de más a menos. La ensalada me gustó mucho, los huevos bien y el jamón crujiente y bueno; quizá las patatas tenían algo de aplatanamiento. El postre, denso como el cemento: incluso yo que soy un postrero reconocido mundialmente considero que ese dulce tan acusado es excesivo. Por cierto, que destaco como muy bueno el pan con tomate que me trajeron mientras esperaba por la ensalada.
Al final, 15 euros (16 y poco al cambio sumando el café) y contento en términos generales.
Fotos:

Aperitivo
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Mapa:
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Pastor del Gorbea (Berriz, Vizcaya)
Sales de Ermua en dirección a Bilbao por la carretera general y de repente, en Berriz, pasas por al lado de una casa pegada a la carretera toda pintada de color verde. Llama la atención porque está sola, y también por las letras grandes pegadas a la fachada: Pastor del Gorbea.
Cuando vas a entrar ves que tienen menú vegetariano a 14 euros (14 al cambio), pero también otro más barato para comedores de animales. Yo me decanté por el vegetariano: revuelto de ajos tiernos y berenjenas, vol-au-vent relleno de verdutitas y flan de queso. Todo bastante bueno.
Debo decir que casi todo en el restaurante, además de la fachada e incluso las fotos que se sacan, es verde (no hablo de chistes). Eso incluye el suelo, de hierba-en-foto, que no sabría decir si queda aparente o cutre. Llama la atención, eso sin duda.
Bueno, el sitio está bien para un mediodía de entre semana (no he probado a otras horas).
Fotos:

Revuelto de ajos tiernos y berenjenas
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Mapa:
Tortos (Ojos Negros, Teruel)
Esto no es una entrada al uso. Hoy no os vamos a hablar de un restaurante. Queremos que conozcáis un dulce que se ha convertido a lo largo de los años en un clásico de la bollería (con perdón) de Ojos Negros (pequeño pueblo exminero de la provincia de Teruel).
Una de las tareas mas complejas a la hora de dar a conocer esta pequeña joya es sin duda, describir “el torto” y lograr que el lector visualice su textura, olfatee su olor y llegue a desgustar su sabor. En cuanto a la textura, si los observas a unos 4 metros de distancia bien pudieran parecer esponjosos bizcochos moldeables. Nada más lejos de la realidad. Es gracioso ver a las visitas desconocedoras del dulce cuando vienen a casa y les ofreces un torto. Empiezan a morderlo pensando que es algo blando y chocan con la cruda realidad, una masa dura como el carbón.
Una de las posibilidades para poder mitigar los efectos de las características del citado dulce bien pudiera ser mojarlo en leche. Muy útil para echar por tierra el Principio de Arquímides: “Un cuerpo total o parcialmente sumergido en un fluido en reposo, recibe un empuje de abajo hacia arriba igual al peso del volumen del fluido que desaloja”. Tu mojas y desaparece la leche, pero ojo, el torto sigue duro. Nunca sabrás si un torto ha caducado pues la dureza es digna de ser utilizado para cortar diamantes.
Una cosa sí es cierta, es recomendable tomarlo para fiestas, pues con su ingesta estableces en el estómago una base de forjado y a partir de ahí, con una buena cimentación, puedes introducir todo el alcohol que creas conveniente, sin riesgo alguno.
En cuanto a los ingredientes, nada que objetar: huevo, harina, azúcar y aceite. Respecto al coste, por el módico precio de dos euros tienes una bolsa de 10-12 unidades.
No quiero que se entienda mi descripción como una crítica “al torto”. Como dice mi madre (la tía Carmen): “si sale en la tele, por algo será”. Pues eso, si los tortos están en todas las casas del pueblo, por algo será.
Fotos:
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