La Reserva (Zaragoza)

Cuando sales del notario, normalmente te felicitan, bien porque hayas adquirido algún bien mueble o algún bien inmueble, quizá te hayas casado (o divorciado, quien sabe) o tal vez algún pariente cercano haya muerto y seas el afortunado que hereda. La cuestión es que sales del notario y te suelen dar dos besos y la enhorabuena. La verdad es que siempre he pensado que los besos se los deberían dar al notario que es el que la sociedad, en un acto de generosidad, ha puesto ahí para dar fe, eso sí, por un módico precio.

Pero dejemos de hablar de apellidos compuestos y de notarios que tienen los días contados si no evolucionan y centrémonos en un tema tangencial, lo que nos importa, las comidas.

Un 20 de agosto y en la ciudad de Zaragoza con esos maravillosos 35 grados iba a ser una tarea compleja elegir restaurante para darnos un homenaje. Así que fuimos a la aventura. La Scala estaba cerrado y marchamos a dar una vuelta por la C/ Cádiz. Vimos que el Restaurante La Reserva tenía un menú muy “escoscadico” y entramos. Normalmente no somos de compartir, pero un día es un día. Elegimos los canelones de marisco y el carpacho de bacalao de primeros. Y luego pato y cerdo para los segundos. La verdad es que estaba todo bueno, sin grandes florituras pero muy correcto. Con los cafés y la base imponible y el iva ponible un total de 47Euros (veintialgo por barba).

El servicio bien. El camarero no sonreía ni patrás, pero tampoco entra en su plus de productividad tener que sonreir. Profesionales que es de lo que se trata. Un siete sobre diez. Bien.

Fotos:

Zaragoza | La Reserva |
Menú

Zaragoza | La Reserva |
Carpaccio de bacalao, con vinagreta y alcaparras

Zaragoza | La Reserva |
Canelones de marisco

Zaragoza | La Reserva |
Confit de pato con setas

Zaragoza | La Reserva |
Solomillo de cerdo con salsa pimienta

Zaragoza | La Reserva |
Helado de vainilla

Zaragoza | La Reserva |
Tarta de choco

Zaragoza | La Reserva |
Ticket


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Pizzería Lou Malnati’s (Chicago, Illinois, USA)

Mi amigo Mike me dijo, cuando supo que iba a visitar Chicago, que era obligatorio ir a probar la deep dish pizza. Yo soy un chico obediente, al menos cuando me interesa, así que organicé mi agenda para no perderme dicha experiencia y busqué en Google Maps el sitio más adecuado para perpetrar el delito. No parecía haber mucha duda al respecto: tendría que ser en la Pizzería Lou Malnati’s.

La deep dish pizza es una pizza (valga la redundancia) que parece una tarta. Por la masa, que es gruesa, no porque lleve manzana o nata ni porque le pongan velas encima (aunque seguro que todo eso y más es posible, en la tierra de las oportunidades). Al verla en fotos tenía la idea de que sería complicado trabajar con ella porque sería poco consistente (mucha grasa, demasiado peso para las paredes de la masa). Nada más lejos de la realidad.

En los restaurantes de Estados Unidos siempre tienes que esperar a que te digan dónde sentarte, y uno que ya no es nuevo en eso cumplió con el protocolo con buena nota. Una chica me dirigió hacía un rincón en la parte derecha del restaurante y me dejó allí a la espera de que llegara el camarero que se iba a ocupar de mi (así es como te lo anuncian). Como yo ya tenía la idea hecha de lo que iba a comer, y además soy persona de almorzar temprano, la espera se me hizo un poco larga, pero no creo que tardara más de lo que se puede considerar normal.

En la carta ofrecen varios tamaños de deep dish pizza y yo me decanté por el más pequeño (personal). La modalidad elegida fue Malnati Chicago Classic. El camarero (Eric) me advirtió que me podía quedar con hambre y me sugirió cambiar al siguiente tamaño (small), pero yo me mantuve en mis trece. En primer lugar porque no me creo que en Chicago puedas ir a un restaurante y quedarte con hambre, en segundo porque hasta donde sé soy una persona y personal parecía garantía de éxito, y en tercero porque ya había leído en las críticas de Google Maps que el tamaño era suficiente para una persona y que siempre solían trabajar con la misma advertencia para colar a los comensales el siguiente tamaño y precio.

Personal, al fin y al cabo, y una CocaCola. Casi me desmayo al escuchar que el pedido iba a tardar alrededor de 40 minutos. Es que las preparamos todas manualmente con dedicación para cada cliente, me dijo el hombre. Bueno, pues qué se le va a hacer… así que me dispuse a pasar todo ese rato repartiendo mi atención entre el móvil, el partido de beisbol que daban en la tele y la conversación de la pareja de al lado. Menos mal que el vaso de Coca Cola te lo van rellenando y no tenía que racionar o hincharme a pedir bebidas suplementarias.

40 minutos después llegó la pizza, que efectivamente era pequeña. No me quedé con hambre, sin embargo, porque pese a que la circunferencia era reducida el grosor era más que correcto y la enjundia en su justa medida. En cuanto a mis temores respecto a la masa y consistencia, como ya he adelantado antes rápidamente se disiparon. La pizza estaba muy crujiente y el indicador de aguante frente a agarres laterales arrojaba un nivel P (perfecto). El interior no era una especie de Margarita con paredes, como había imaginado, sino que también incluía carne. A la vista parecía como si hubieran abierto una butifarra en mitades y, después de cocinarla, la hubieran repartido por el interior de la pizza.

Aunque la espera fue prolongada y estaba al borde del colapso por inanición, me dispuse a disfrutar cada bocado como su fuera a ser el último. Comer consciente o como se llame, yo es que estoy acostumbrado a engullir. La pizza estaba cojonuda, aunque si quisiera ser más fino podría usar el adjetivo deliciosa, y agradecí enormemente haber escuchado el sabio consejo de mi amigo de Ohio.

Ya sin más pizza que rascar me dispuse a pedir la cuenta: $14.49 que la propina convirtió en $18.50 y el cambio a euros en unos 16. Repetiría sin dudarlo, así que la deep dish de la Pizzería Lou Malnati’s queda recomendada.

Fotos

Chicago, USA | Pizzería Lou Malnati | deep dish pizza

Chicago, USA | Pizzería Lou Malnati | Carta

Chicago, USA | Pizzería Lou Malnati |

Chicago, USA | Pizzería Lou Malnati |

Chicago, USA | Pizzería Lou Malnati | Comedor

Chicago, USA | Pizzería Lou Malnati's | deep dish pizza

Chicago, USA | Pizzería Lou Malnati | deep dish pizza

Chicago, USA | Pizzería Lou Malnati's |

Chicago, USA | Pizzería Lou Malnati's | La cuenta

Chicago, USA | Pizzería Lou Malnati's | Felpudo

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La Antigua Carbonera (Zaragoza)

Nuestro compañero Javier, alma pater de éste, nuestro querido blog, había sido invitado a impartir un taller en el Centro de Arte y Tecnología de la capital maña, por todos conocido como Etopia. Y allá que fuimos una tarde zaragozana de julio, a las 18:30 con chaqueta de invierno y bien abrigadicos. Tras una presentación de Viriato (el organizador), Javier nos explicó los aspectos introductorios sobre la curación de contenidos y luego desenfundamos el portátil y realizamos algunas prácticas sobre el tema que cada miembro (con perdón) del taller había propuesto. Los temas, sin duda, de lo más variopintos: desde la “ganadería bovina” hasta el “blockchain y la tokenización”, pasando por la “fotografía de desnudos con sangre”. Enseguida llegaron las 21.00 horas y como los chicos de On topic (Viri y Livia) nos habían prometido, bajamos al espacio de coworking de la planta baja para tomar una cerveza Ámbar. Sin embargo sólo nos quedamos los organizadores, el ponente (acepción de docente), Jesús (compañero de curro) y Ángel, un hombre del renacimiento, no por viejo, sino por la multitud de disciplinas que practica. Lo mejor de cada casa, vamos. Livia nos preguntó si les queríamos acompañar en la cena y en un alarde de compañerismo y generosidad, no nos pudimos negar a la invitación.

Así que, como la reserva era en La Antigua Carbonera (Av. Pablo Gargallo, 84, 50003 Zaragoza) fuimos alcorzando y hablando sobre el término aragonés Alcorce, que siempre es un tema muy socorrido. Todos los que trabajamos en la pasarela sabemos que estas cenas que se preparan tras un acto, charla, congreso o taller, son un mero trámite donde las convenciones sociales a lo largo de los años las han convertido en algo protocolario.

El problema que hemos detectado en este tipo de cenas, es que hay temas que no se pueden sacar a la mesa (nunca mejor dicho). La política, la religión y conversaciones que puedan dar lugar a polémica, como Cataluña, el Barsa, los gitanos o cuestiones similares. Por eso la primera media hora suele ser una toma de contacto, lo que vendría a ser en lenguaje popular: “a ver de que pie cojea cada uno”. Tanto los organizadores como el ponente deben mantener la compostura y mostrarse como “no son”. Por ello, al principio siempre se tocan temas poco trascendentes, lo que vendría a ser “conversaciones de ascensor con un pelín más de enjundia”. Una vez pasado ese trámite introductorio, se profundiza en temas de índole personal, que si los hijos por aquí, que si el trabajo por allá, que vaya con el IVA, que los autónomos ésto, que los funcionarios lo otro…

Conocedores de esta problemática, que lejos de terminarse, cada día se acrecienta, Jesús y yo mismo decidimos dinamitar la cena, evitando así cualquier tipo de convencionalismos. La idea consistía en meternos con nosotros mismos. Yo pondría el foco en Jesús y él pondría el foco en mí, contemplando incluso violencia verbal si hubiera sido necesaria. De esta manera nos mostraríamos, unas veces como héroes, otras como villanos … Era una estrategia arriesgada pero al fin y a la postre fue efectiva. La intención era que Javier se llevara una buena impresión de los zaragozanos y conociera ese don que dios nos ha dado de “buena gente”, hospitalaria y un poco “tocados por el cierzo”.

Pero centrémonos en lo que aquí nos ha traído, que es el tema de las comidas. Se llegó a un consenso rápido, capitaneado por el liderazgo de Livia: una ensalada para compartir y una tostada. La ensalada estaba buena y las tostadas (rulo de cabra, fuá, y bacalao) también. Aunque pueda parecer trivial la frase anterior no debéis menospreciar la calidad y capacidad culinaria de #moverelbigote. En plena cena y gracias a la discrección de Jesús salió en la conversación que Javier y yo mismo teníamos un blog de comidas de todo tipo y Javier tuvo a bien leernos una de las mejores críticas que se han escrito a lo largo (y ancho) de la historia y que claramente podría haber ganado la Judía Verde con Ajos Tiernos (que vienen a ser los Pulicher de la media y baja gastronomía). El texto publicado en Embutishop reza:

La cecina de vacuno de Embutidos Manolo viene envasada en lonchas finas y al vacio. Cada paquete contiene unas 9-10 lonchas, que presentan una tonalidad de roble que les confiere presencia. Es recomendable abrir el paquete en un entorno lo más neutro posible para que la liberación empape nuestras papilas olfativas.

Todo en esta cecina es suave, excepto el color que le da cuerpo. Textura agradable y sabor sin estridencias, no excesiva grasa y una experiencia de masticación agradable. Otras cecinas te achorizan, pero esta no lo hace apenas. El olor también acompaña, pues a la explosión a la apertura del paquete sigue un acompañamiento dulzón, que embriaga.

Recomiendo guardar una loncha y enrollarla en una porción de chocolate negro. El contraste dulce-tosco es como mínimo un reto al alcance de muy pocos. Acompañar de un crianza

Además se habló del frigo de Livia, de los cursos de verano de Ángel sobre “Brujas, vampiros y zombis”, de marathones y de convenios colectivos de funcionarios, de tranvías y de fotografía líquida. Una cena nada convencional.

El servicio es bueno y la camarera maja (en el sentido aragonés del término). Con café y algunos con postre (Ver fotos) 10 euros por barba. Queda recomendado.

Fotos:


Zaragoza | La antigua carbonera |
Javier preparando el taller

Zaragoza | La antigua carbonera |
Ensalada

Zaragoza | La antigua carbonera |
Tostada de bacalao

Zaragoza | La antigua carbonera |
Tostada de foie

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Tostada de queso de rulo con mermelada o algo

Zaragoza | La antigua carbonera |
Postre de queso que no sabe a queso

Zaragoza | La antigua carbonera |
Viriato y Javier (de izquierda a derecha)

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Jesús pensativo


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Restaurante Pe de Pisco (Madrid)

Hemos estado liadillos últimamente con temas de toda índole y hoy que se reunen Trump y el presidente koreano es un buen día para dar a conocer una propuesta con grandes vista al Machupichu: el Pe de Pisco.

Javier y yo habíamos bajado a la Villa para celebrar la Junta de Accionistas de Moverelbigote celebrada el 30 de mayo de 2018, eso sí, haciéndola coincidir con la salida de Mariano del poder de éste, nuestro maravilloso sistema democrático en el que vivimos.

Como igual nos da carne que pescao, aprovechamos además para acercarnos y hacernos unas fotos en la Iglesia de la Cienciología, que se encuentra detrás del Congreso. Pero como siempre es hora de comer y si no lo es, siempre tenemos hambre, nos acercamos al Restaurante peruano Pe de Pisco.

A lo que vamos: pedimos ocopa, sudado de pescado, por un lado para Javier. Y papas a la huancaina y pollo con arroz para mí. De postre: tarta de queso para marqueses y tarta de queso para proletariado (ver foto).

Al final no había café porque la cafetera “estaba siendo cambiada” (creo que fueron los términos que utilizo la camarera). Intentamos que la encendieran por todos los medios, porque nosotros sin café no somos nadie -y menos desnudos-, así que pagamos con la tarjeta de crédito y marchamos a tomar café al bar de al lado.

La verdad es que el servicio está bien, y la comida ok. Sin más. Pero por 10 euros en el centro de Madrid, qué quieres. Además de las preciosas vistas al Machu Pichu.

Fotos


Madrid | Restaurante Pe de Pisco |
Entrada

Madrid | Restaurante Pe de Pisco |
Menú
Madrid | Restaurante Pe de Pisco |
Comida de primero

Madrid | Restaurante Pe de Pisco |
Algo de primero con papas, okupa o como se diga.

Madrid | Restaurante Pe de Pisco |
Arroz con pollo

Madrid | Restaurante Pe de Pisco |
Pescao

Madrid | Restaurante Pe de Pisco |
Postre de javier (el grande) y postre mio (el chico)

Madrid | Restaurante Pe de Pisco |
Celebrando (Jla y Csp)

Madrid | Restaurante Pe de Pisco |
Ticket

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Restaurante Entredós (León)

Todos sabéis que nos gustan los viajes. Cualquier tipo de viaje. Es un poco como aquello de “Todos sabéis que nos gustan las comidas. Cualquier tipo de comida”. Los viajes nos privan y de las comidas no nos privamos. Eso es así, aquí y en la China popular.

En este caso no hablamos de viajes psicodélicos provocados por estupefacientes, sino más bien de un viaje de ida y vuelta a León (España). Hacía años que no veía a unos amigos de allá (Isa y David) y cuando Mahoma no va y la montaña está quieta, pues uno hace esfuerzos. Y eso que yo no soy mucho de hacer esfuerzos, ojo.

Ni corto ni perezoso me metí la friolera de 400 y pico km de ida y 400 de vuelta (cuando vuelvo ya no me suelo perder). Me apunté a un Congreso de Archivos para tener una excusa para hacer el viaje y así comprobar como evoluciona el apasionante mundo de la Archivística (confirmando que todo avanza muy rápido y algunas burbujas siguen estando ahí). Además tenía en mente, desde hace años, un proyecto referido al tema de las oposiciones y tenía que empezar antes o después. Noviembre de 2017 era una fecha como cualquier otra para dar comienzo a algo que podría tener en el futuro mucho recorrido.

Pero centrémonos en lo urgente y dejemos de lado lo importante, que aquí hemos venido a hablar de mi libro. Habíamos quedado a las 14.00 h. con David en la puerta del Restaurante Entredós y ahí estaba él, como un clavo, con puntualidad británica. Nos dieron una mesa al fondo a la derecha. Esas siempre son las mejores. La primera conversación comenzó con la clásica discusión (entre comillas) sobre quién se sentaba de frente y quién de cara al tendido. Como no podía ser de otra manera, me coloqué frente a la entrada con la mejor visión panorámica de todo el restaurante, para tener control visual de todo lo que acontecía (recuerden que tanto Jla como yo cuando vamos a las comidas, no estamos de ocio, sino que se trata de trabajo). Una vez nos acomodamos, David nos contó un par de anécdotas tanto del dueño del restaurante, que casualmente había conocido en la Estación de Atocha en Madrid, como de una de las camareras que conducía por su barrio no precisamente despacio. David es una persona sociable en el trato, vamos a dejarlo ahí, y que probablemente conozca a más de un 38 por ciento de los habitantes de León.

A lo que vamos, yo pedí el arroz negro con nosequé de bacalao y nosecual (podéis ver en las fotos) que estaba de “tomapanymoja”. Y una carne de segundo, taco de solomillo en tono rosado con cebolla confitada y blablabla, tierna como ella sola. Un pastel cojonudo en un plato que no lo saltaba un gitano (el pastel no, el plato). El servicio inmejorable y el precio nada que objetar (14 euros creo que valía el menú).

Uno de los mejores sitios para ir en León. Calidad/precio un diez. Queda recomendado.


leon catedral
Catedral de León

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Menú

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Cartel

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Arroz negro

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Algo de Isa

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Carne mia

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Carne de Isa, de Isa no, que comió Isa

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Postre tremendo

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Postre cojonudo

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