Archivo de Noviembre de 2012

Bar La Canilla (Logroño)

Llevábamos tres meses pensando ir a Logroño para dar vuelta por el piso que tenemos en venta y por fin aprovechamos un puente de los últimos que quedan con las políticas de Mariano, y para allá marchamos con niño y todo. Habíamos quedado con los amigos excompañeros de trabajo para ir a picotear y esta vez, como no podía ser de otra manera, pasamos por la C/ Laurel y aledaños.

Mandaban los autóctonos, así que nos llevaron al Bar La Canilla a tomar unos entrecots, en C/ San Agustín nº 7 de la capital riojana. Como podéis ver en las fotos, eso entra por la vista. Carnaca tierna, tierna como la que más. Un acierto a todas luces. El detalle por su parte es que cuando sacamos las bebidas, ya te sirven unos aperitivos de longaniza y tortilla de patata para matar el apetito, antes del plato de honor. Para beber, Pepe, experto catador, también de vinos, nos sacó el que denominó el mejor vino del mundo de maceración carbónica Luberri. Me quedé cuando lo comentó, de una pieza. Eso sí, el vino estaba cojonudo, que es otra forma de describir un buen vino.

El precio no os puedo decir, porque pusimos bote y todo fue a escote (los pagos, digo), pero si vais a Logroño, acercaos a La Canilla, que está todo de vicio.

Fotos:


Logroño | Bar La Canilla | Entrada
Entrada

Logroño | Bar La Canilla | Cervezas
Cervezas

Logroño | Bar La Canilla | Aperitivo tortilla y longaniza
Aperitivo de longaniza y tortilla

Logroño | Bar La Canilla | Cañas y vinos
Vista general con los vinos de fondo

Logroño | Bar La Canilla | Solomillo
Entrecot con pimientos y patatas fritas

Logroño | Bar La Canilla | Solomillo
Tremendos documentos

Logroño | La Segunda Taberna | Grupo
Grupo sufridor


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Restaurante La Scala (Zaragoza)

Hoy os presentamos de nuevo La Scala, restaurante del cual guardamos un buen recuerdo pues fue precisamente aquí donde se gestó el proyecto Moverelbigote hace ya dos años. La comida no fue tras la barra, sino en la mesa del final del pasillo a la derecha. En esta ocasión nos envía la crítica Félix González Torcal. Gracias 1000.

Lunes, 9 de la noche, el estómago haciendo cosquillas y una cocina en marcha, estaban todos los ingredientes para degustar un menú de alto nivel. El lugar decidido “La Scala”, en la C/ Sanclemente 4, y los comensales 2 jóvenes hambrientos. Para los que no estamos acostumbrados a los altos niveles gastronómicos ya hay una sorpresa muy grata al abrir la puerta, una decoración basada en el blanco que da sensación de limpieza, así cómo una cocina escondida tras un cristal que te deja ver con claridad la pulcritud que su equipo utiliza en la elaboración de los platos.

Mesas montadas con una original manzana que da un toque de color en el centro, mucho espacio y un hilo musical, te dan la bienvenida. A solas con el metre nos dedicamos a escudriñar la carta en busca de nuestra cena, y degustamos durante la espera unos pequeños bombones de queso, foie y almendras, una buena manera de abrir el apetito.

Primera elección, “Mi-cuit de foie con confitura de tomate” una gran decisión a decir de nuestras caras al probarla. Un vaso con tostaditas de pan para untarla, 2 láminas de foie y una exquisita confitura, quizá esta última un poco escasa, pero de gran sabor. A la vez otra decisión importante, el vino, el deseado, un “Baltasar” no estaba a la temperatura deseada, así que nos dejamos aconsejar por el especialista del local, que nos llevó a un Borlan (Campo de Borja) cuyo sabor maridó a la perfección con nuestras elecciones, muy buen vino. Como primer plato quisimos compartir dos medias raciones, una de “Trigueros con Foie”, correctos, y unos “Huevos Rotos con Jamón”, también correctos.

Comenzaba entonces la parte más importante de nuestra cena, los segundos platos. Un “Solomillo de Buey con Pastel de Patata”, al punto, con un sabor extraordinario y una generosa ración, el Pastel de Patata ni bien ni mal, muy bonita presentación para un sabor muy corriente. El otro segundo era un “Cochinillo Confitado y Crujiente”, sinceramente para mi, lo mejor que hubo en la mesa, a parte de la compañía. Un punto de sal perfecto, una corteza crujiente pero para nada seca y una carne muy sabrosa, un plato de 10.

Llegó la hora de los postres y de nuevo nos dejamos aconsejar, muy buena decisión. Unos postres caseros dignos de nuestras abuelas, elaborados y en su punto, un gran final para una cena: Un “Tiramisú de Chocolate” y una “Tarta de Manzana con Helado de Vainilla”. Ambos excelentes, caseros y con un gusto a buena cocina que hace pensar en repetir.

Que no se me pase por alto, muy buen servicio, atento y personalizado que hace sentirse cómodo en el recinto. Café y a dormir, sinceramente un sitio aconsejable al cual llevar a quien deseemos que repita en nuestra compañía.

Por suerte (para nosotros) la cena era un regalo, así que no tuvimos que preocuparnos por la suma total de lo consumido, aunque mi estimación de la misma, sería de 80 a 90 € (40-45€ por barba).

Fotos:


Zaragoza | Restaurante La Scala | Micuit de foie
Micuit de foie

Zaragoza | Restaurante La Scala | Trigueros con foie
Trigueros con foie

Zaragoza | Restaurante La Scala | Huevos rotos con jamón
Huevos rotos con jamón

Zaragoza | Restaurante La Scala | Solomillo de buey
Solomillo de buey

Zaragoza | Restaurante La Scala | Cochinillo
Cochinillo

Zaragoza | Restaurante La Scala | Tarta de manzana
Tarta de manzana

Zaragoza | Restaurante La Scala | Tiramisú
Tiramisú


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Comidas para 7.000 millones de personas

Acabamos de recibir correspondencia bárbara. Bárbara trabaja en Intermón Oxfam y nos escribe un mail para que apoyemos desde nuestro humilde blog una campaña que lleva por título “Mesa para 7.000 millones”

Es una campaña de Intermón Oxfam para reivindicar el derecho a la alimentación. Nos dice en el correo que hagamos una receta de las nuestras sobre lubina y demos un poco de publicidad a la campaña. Nuestro blog, ya lo conocéis, se caracteriza por intentar hablar de comidas de todo tipo en tono humorístico, pero cómo te quedas cuando te dicen: ¿Sabías que actualmente casi 900 millones de personas se van a dormir con hambre?

Ni Javier ni Carlos tenemos idea de cómo se cocina una lubina, pero sí sabemos lo que es pasar hambre. Los que trabajamos en la pasarela, hemos de esforzarnos y ser consecuentes con nuestro trabajo. También sabemos lo que es pasar sueño pues ambos tenemos críos de apenas un par de años. Sin embargo, a veces no hay espacio para la risa cuando deletreas despacio, muy lentamente, hazlo conmigo … N O V E C I E N T O S millones de personas pasan hambre.

Pocas bromas. Si quieres saber más: www.mesapara7000millones.org

Saludos cordiales
Moverelbigote

Fotos:


Intermón Oxfam | Mauritania
Houley Abdoulaye Bá alimentando su hijo con coucous y leche en la comunidad de Diawoud.- (c) Pablo Tosco / Intermón Oxfam

Intermón Oxfam | Guatemala
Maria Guachiac, limpiando maíz en un punto de agua, es campesina de la comunidad de Pacutan II.- (c) Pablo Tosco / Intermón Oxfam

Intermón Oxfam | Burkina Faso
Un grupo de mujeres campesinas colocan el arroz en un saco para su almacenaje.- (c) Pablo Tosco / Intermón Oxfam

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Taj Mahal (Gijón)

Agradecer de nuevo a Rafael Ibáñez su colaboración del Taj Mahal de Gijón

Viajar te da la oportunidad de visitar otros lugares, conocer nuevas gentes, experimentar nuevas culturas y —sobre todo— probar gastronomías más o menos exóticas. ¿Cómo íbamos a perder la oportunidad de visitar el Taj Mahal este verano? Anunciado en su carta como “templo del amor” —a la prueba fotográfica me remito—, es un pequeño restaurante de cocina india situado en primera línea de la playa de San Lorenzo, en Gijón (¿qué queréis?, el presupuesto no da para llegarse hasta Agra). Evidentemente, tiene más un aire kitsch que una estética verdaderamente tradicional, algo a lo que por otro lado nos hemos acostumbrado cuando vamos a comer platos cantoneses a un restaurante pretendidamente chino. Afortunadamente, la amabilidad de quien suponemos es el dueño del establecimiento hace inmediatamente olvidar cualquier reparo.

Como no somos en absoluto expertos en este tipo de cocina —mientras estuvimos allí llegó una especie de hippy con aspecto “perroflautero” que pidió su comanda manejando la carta con sorprendente soltura, lo que nos llevó a pensar que algún negocio se traía en India—, nos inclinamos por solicitar el menú degustación número 3 (para dos personas), que tenía como entrante un plato de verdura rebozada, incluidas un par de crujientes empanadillas vegetales. Antes nos sirvieron un enorme papadom, crujiente oblea de harina de legumbre con tres salsas diferentes (no me preguntéis de qué eran, porque no tengo ni idea), un aperitivo tan simple como sabroso. El plato de Lahore balti (mezcla de cordero, pollo, gambas y espinacas) estaba realmente bueno, aunque todo parece indicar que se trata más bien de una creación gastronómica surgida en la británica Birmingham. Sin embargo, lo que más nos gustó fue el pollo tikka passanda, supuestamente preparado en el tradicional tandoori (horno de arcilla) y bañado en una exquisita salsa (curry suave y vino blanco entre sus ingredientes) de la que no dejamos ni muestra a base de untar nan (pan igualmente horneado en un tandoori). Ambos platos vinieron, en realidad, servidos en sendos cuencos de metal con una pequeña vela a modo de sencilla founde. Como acompañamiento común, nos sirvieron una buena ración de arroz basmati y para beber tres tercios (dos de ellos incluidos en el menú) de cerveza Cobra, una rubia muy suave elaborada a base de malta de cebada, lúpulo, levadura y una mezcla tradicional de ingredientes (maíz y arroz incluidos), envasada en el Reino Unido principalmente para la exportación (de ahí que resulte muy fácil encontrarla en los supermercados españoles).
Antes de los cafés con los que pusimos fin a nuestra comida, dimos cuenta de los postres. El haiwa (pastel de sémola con azafrán, coco y semillas de cardamomo) resultó sorprendente, mientras que el kulfi (helado de almendras y pistachos) parecía una versión más ligera y dulce de los helados de turrón de nuestro Levante (una prueba gastronómica más de la influencia oriental que nos transmitieron los árabes).

Aunque da toda la impresión de que la carta no es todo lo auténtica que se espera de un restaurante indio, como en realidad ocurre en la gran mayoría de los restaurantes orientales que podemos encontrar en nuestro solar, lo cierto es que probar estas delicias por 42,90 € (21,45 € por comensal) mientras contemplas el Cantábrico es un verdadero placer.

Fotos:


Gijón | Taj Mahal | Carta
Tentación apacible

Gijón | Taj Mahal | Papadom
Papadom con sus salsas, vigiladas por la Cobra

Gijón | Taj Mahal | Verduras rebozadas
Degustación de verduras rebozadas

Gijón | Taj Mahal | Lahore balti
Lahore balti

Gijón | Taj Mahal | Pollo tikka passanda
Pollo tikka passanda

Gijón | Taj Mahal | Arroz basmati y nan
Arroz basmati y Nan

Gijón | Taj Mahal | Haiwa
Haiwa

Gijón | Taj Mahal | Kulfi
Kulfi

Gijón | Taj Mahal | Ticket
Tique artesanal

Gijón | Taj Mahal | Fachada
Fachada castigada


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Isla del Encanto (Islas del Rosario, Colombia)

Es una pena que para ir a comer a Isla del Encanto (Islas del Rosario, Mar Caribe) tengas que pasar un día inolvidable viendo arrecifes de coral, tirado a la bartola bajo una palmera en una playa de arena blanca y cosas del estilo. Pero ya sabéis que en Mover el Bigote hemos nacido para trabajar, y esta ocasión lo valía porque fui a Colombia con la misión de celebrar apropiadamente el segundo aniversario de este blog (que es hoy). Así que si es necesario pasar por tal sufrimiento para el bien de nuestros lectores, lo aceptamos y sufrimos.

La jornada empezó sobre las 8 de la mañana, cuando pasó un señor a recogerme al hotel y nos dispusimos a pasar por otros dos hoteles a por más gente antes de llegar al puerto de Cartagena. En total llegamos allí dos mexicanos, una pareja de argentinos y el menda (gashego). Nos cobran la salida del puerto y el paquete de ir a la isla a comer y nos montan en una lancha donde ya había más gente y desde donde nos dirigimos a la Isla del Encanto. En total diría que unos 50 minutos de travesía marítima.

Al llegar a la isla y después de esquivar a los vendedores de collares, nos dan cuatros maneras de hacer tiempo hasta la hora de comer:

  1. Bucear
  2. Hacer snorkeling (o como se llame, es ponerse una gafas y mirar dentro del agua a ver si pasan peces por debajo)
  3. Ir a un acuario
  4. Pasar la mañana en la playita que hay en la zona habilitada de la isla

Yo nunca había buceado y tampoco tenía ninguna intención de hacerlo en la vida. En absoluto. Cero. Así que me apunté a ello aún con miedo de no ser capaz de hacerlo o de tener un ataque de pánico a 12 metros de profundidad, de quedarme sin aire, de perder el tubo y tragarme todo el agua del Mar Caribe o de ser víctima de cualquier otra desgracia.

Pues eso, que me apunté y me encontré con el instructor y una chilena (Pamela) que ya había buceado antes varias veces escuchando una clase acelerada que tenía cuatro puntos vitales a tratar: respirar, divertirse, compensar… olvidé el otro. También nos enseñó varios gestos para comunicarnos debajo del agua y alguna otra cosa más. Demasiada información en poco rato, lo que sumado a la ansiedad de la primera vez (de bucear, digo) hicieron que todo quedara a expensas del destino.

Después de la explicación, nos montan en la lancha junto a los que habían elegido snorkeling de ese y nos llevan a un centenar de metros de otra isla. Allí dejaron a casi todos amorrados buscando peces y a la chilena y a mi nos pusieron el equipo (chaleco, bombona de aire, tubos, gafas, aletas) y nos soltaron al agua. Digo soltaron, pero el instructor estuvo muy atento en todo momento… lo cual es bueno porque de otro modo yo no estaría aquí ahora con esta crónica. Debo reconocer que no tengo el don de la coordinación y mi buceo es, vamos a decirlo así, de técnica poco depurada.

El arrecife de coral es algo impresionante. Los peces, de mil colores, Incluso había debajo de una roca un pedazo de bicho con bigotazos que debía ser la madre de todas las langostas. En resumen, el buceo fue espectacular como nunca imaginé. Ya que no se puede comer enseguida, por lo menos que la espera sea amena… ¿no?

En fin, terminó el buceo y ya de vuelta a la isla por fin pudimos comer. A estas alturas ni siquiera tengo muy claro lo que comí. Más o menos fue un plato con alubias y otras cosas y de segundo pescado con arroz de coco, macarrones y algo más. Fruta como postre y zumo de algo para beber. Sea como sea, puedo afirmar que el tema fue más bien flojito tirando a flojo.

Después de comer, siesta en la playa y otra vez a la lancha para volver a Cartagena. A las 16.30 horas llegamos al muelle, justo a tiempo para acercarse al Supermercado Carulla a comprar algo para merendar. Ahí termina la crónica.

Dado que el único objetivo de pasar el día en Isla del Encanto era comer, y que como ya he comentado para ello había que pasar por todo lo narrado, asigno todos los gastos al hacer gastronómico. El total es de 290.000 pesos colombianos (122,84 euros al cambio), que se desglosan en:

  • 98.000 pesos: viaje de ida y vuelta a Isla del Encanto: del hotel al puerto en coche, del puerto a la isla y otros desplazamientos por agua en la lancha.
  • 12.000 pesos: derechos de entrada al puerto (o de salida al mar)
  • 130.000 pesos: actividad de buceo en el arrecife de coral. La parte con más sufrimiento, nunca la olvidaré.
  • 50.000 pesos: las fotos y videos del buceo. Hay que comprarlas, qué vas a hacer.

Como se puede ver, un poquito caro. Otra cosa sería que hubiera ido en plan de ocio, ya que en ese caso no me parecería tan caro (un día es un día).

Fotos:

Colombia | Islas del Rosario | Comida
Comida

Colombia | Islas del Rosario | Buffet
Buffet

Colombia | Islas del Rosario | Buffet
Buffet

Colombia | Islas del Rosario | Isla del Encanto
Isla del Encanto

Colombia | Islas del Rosario | Buceo
Buceando antes de comer. Lo que es la vida

Colombia | Islas del Rosario | Ticket
Ticket

Colombia | Islas del Rosario | Cancha
Cancha en el Caribe

Colombia | Islas del Rosario | Lancha Bravo Tax 36
La lancha

Colombia | Islas del Rosario | Señor
Un señor

Colombia | Islas del Rosario | Islote
Islote

Colombia | Islas del Rosario | Islote
Islote con pelícano

Colombia | Islas del Rosario | Hamaca y playa
Siesta después de comer

2012-10-31 16.40.35
Unos argentinos a los que conocí, buena onda

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