Archivo de mayo de 2015

La Oliva Restaurante (Las Palmas de Gran Canaria)

Ariel Brito me invitó a comer no sin antes asegurarse de que me ganaba hasta la última miga de pan que me iba a meter en la boca. Previo al primer pinchazo de tenedor, estuvimos tres horas caminando por el centro de Las Palmas, tiempo durante el cual me explicó la historia de la ciudad y sus leyendas. No contento con eso, organizó un encuentro sorpresa con Jesús Posada, presidente del Congreso de los Diputados (no tenemos prueba gráfica, nos hubiera gustado posar con Jesús pero llegaba tarde a su siguiente cita), e incluso me llevó a una biblioteca. Gracias por esa estupenda mañana, Ariel, debo reconocer que me dejaste mudo hasta el punto de que para poder impartir el curso de la tarde tuve que chupar casi medio bote de Lizipainas.

Pero dejémonos de preliminares y vayamos a la consumación del acto. La comida fue en La Oliva Restaurante, en una esquina de la Playa de Las Canteras (bueno, del paseo más bien). El lugar es extraordinario, no solo por las vistas al mar sino porque es donde se suelen poner los músicos ambulantes.

Nos atendió una camarera más seca que los polvorones de Utrera, cosa extraña porque generalmente en Las Palmas todo el mundo es simpático para los estándares peninsulares. De todos modos, pese a ello la comida fue excelente. Todo es cuestión de ponerle voluntad.

Comimos como si no hubiera mañana:

  • Papas arrugadas. Si vas a Canarias y no comes esto, a la salida en el aeropuerto te cobran una tasa por gilipollas.
  • Croquetas temáticas. Aparentemente cada una tenía un sabor distinto, pero aunque los colores sí variaban para mi todo había salido de la misma masa.
  • Calamares. Muy buenos, lo único que me sabe mal es que estaba tan lleno que no pude comer todo lo que hubiera querido.
  • Queso frito con mermelada. Un vicio, esto me encanta. De hecho, volví al restaurante un par de días más tarde solamente para comer este plato.
  • Pan bizcochado con all-i-oli. En esto los canarios son raros, pues le echan hierbas al all-i-oli.
  • Tarta de chocolate. Una bomba de relojería que lleva crema pastelera escondida entre las capas de chocolate. Si yo fuera joven, me habría comido dos, pero como estoy en la crisis de los 38 solo pude con la mitad de una. Ariel prometío comerse lo que yo dejara, pero al final decepcionó un poco porque no pudo con tanto trote.

Para beber, tres cocacolas y una botella de agua. De sobrepostre, un café. Aunque pagó Ariel, la cosa costó 44 euros (44 al cambio).

Ya en la sobremesa, aparcamos la oreja en la mesa de al lado para intentar enterarnos de la identidad de una señora con pinta de alemana que hablaba en buen castellano con un señor de acento canario. La razón de nuestro interés era que la señora parecía ser una escritora que hablaba con su agente literario (al menos, eso nos imaginamos). Al final no descubrimos nada, y eso que estuvimos a punto porque casi le preguntamos.

En fin, una buena experiencia y restaurante recomendado. Agradezco al anfitrión su hospitalidad y espero corresponder cuando se acerque a Vic. A ver si el próximo otoño…

Fotos

Las Palmas | La Oliva Restaurante | Ariel ordenando comida
Ariel encargando la comida. Lamentamos la mala calidad de la imagen, que sale parcialmente corrida

Las Palmas de Gran Canaria | La Oliva Restaurante | Papas arrugadas
Papas arrugadas

Las Palmas de Gran Canaria | La Oliva Restaurante | Papas arrugadas y Ariel
Ariel y las papas arrugadas

Las Palmas de Gran Canaria | La Oliva Restaurante | Papas arrugadas y Javier
Papas arrugadas y yo

Las Palmas de Gran Canaria | La Oliva Restaurante | Calamares
Calamares

Las Palmas de Gran Canaria | La Oliva Restaurante | Croquetas
Croquetas

Las Palmas de Gran Canaria | La Oliva Restaurante | Panes
Pan

Las Palmas de Gran Canaria | La Oliva Restaurante | All-i-oli
All-i-oli con hierbas

Las Palmas de Gran Canaria | La Oliva Restaurante | Queso frito con mermelada
Queso frito con mermelada

Las Palmas de Gran Canaria | La Oliva Restaurante | Tarta de chocolate
Tarta de chocolate

Las Palmas de Gran Canaria | La Oliva Restaurante | Terraza
Terraza del restaurante

Las Palmas de Gran Canaria | La Oliva Restaurante | Ariel Brito y yo
los dos bellos comensales

Las Palmas de Gran Canaria | La Oliva Restaurante | Señora
La presunta escritora sin nombre, en hora canaria

Puntuaciones
Calidadwww.dyerware.comwww.dyerware.comwww.dyerware.comwww.dyerware.comwww.dyerware.com
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Mapa

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Hotel La Ràpita (Sant Carles de la Ràpita, Tarragona)

Broncas

– ¡¿ES QUE TU NO SABES QUE ESTA MESA ESTÁ RESERVADA?!

Levanto la cabeza y mis ojos se encuentran frente a frente con la mirada de ira, salida de las cuencas, de un señora de unos 80 años.

– Pues… eh… mmmm… no sé señora. Yo he visto la mesa vacía y como no había ningún cartelito ni nada me he sentado.

Lo que siguió fue una colección de gritos y de descalificaciones, en un primer momento hacia mi persona pero después hacia el camarero que, según la gritante y descalificadora, no había evitado que yo violase la propiedad de “su mesa”.

Pasado el susto, pocos minutos después mis maltrechos nervios eran puestos de nuevo a prueba a causa de un vocerío diabólico que provenía de un par de mesas a la derecha. Esta vez quien los emitía no era la misma señora, sino un señor del mismo grupo de edad, y el agraciado que recibía la bronca era un segundo camarero. El motivo que propició tamaña bronca fue que en la mesa del pobre cliente no había cuchara sopera (de hecho en ninguna, pues había que ir a cogerlas al lado de donde se servía la sopa).


La señora agresiva

El lugar

En el Hotel La Ràpita, de Sant Carles de la Ràpita, la media de edad de los huéspedes debe estar entre los 75 y los 80 años. Añadámosle el dato de que se come en un buffet libre y el lector se dará cuenta del riesgo que corre un joven como yo pasando unos días en un hábitat como ese.

Casi todos los alojados forman parte de viajes organizados, por la Imserso u otros, y pasan unos días en el hotel en régimen (es un decir) de pensión completa. Digo casi todos porque, obviamente, yo todavía no estoy dentro de ese perfil de cliente (ya veremos si llego, a este paso lo dudo).

El caso es que cuando entras por la puerta te parece haber llegado al hogar del jubilado. Por las mañanas, después del desayuno, grandes manadas de abuelos esperan a ser conducidos a algún autobús para que los lleven de excursión. Los devuelven a la hora de comer, y después de la siesta puedes verlos en la cafetería jugando a cartas o al dominó mientras hacen tiempo para la cena. Terminarán la jornada bailando o viendo algún espectáculo en la propia cafetería.

Hay excepciones, claro. Algunos van por libre y otros simplemente pasan las horas tomando el sol en la bonita piscina del hotel o leyendo en la terraza de su habitación. Además, el fin de semana llegan algunas familias con niños y la cosa se rejuvenece levemente.


Vista general del comedor


Grupo pasando lista antes de irse de excursión

Las comidas

Después de los preliminares, vamos a las comidas que es lo que importa en este blog. Como he dicho, muchos de los alojados están en pensión completa y se come en sistema de buffet libre. Al entrar hay que esperar a que un camarero te asigne una mesa, y a muchos abuelos les dan una fija para su comodidad (y especialmente a los más gruñones para que no se quejen, como me confesó uno de esos camareros después del incidente que he relatado al principio). El caso es que al parecer yo me senté en una de esas mesas fijas y el error casi me cuesta la vida.

Pero bueno, a lo que iba. La comida y la cena son similares: un par de ensaladas para elegir, carne, pescado y cosa frita y a veces algo de verdura. Al mediodía suele haber paella o fideuá y por la noche sopa. Como postres están la fruta, los helados y la gelatina como fijos, y suele haber alguna tarta, arroz con leche o flan, mousse… algo así.

En cuanto al desayuno, hay fruta, tostadas, bollos, zumos de bote, yogur de máquina, café muy malo y en general muchísimo colesterol (huevos fritos, revuelto, tortilla, bacon… esas cosas).

Por cierto, las máquinas del zumo y el café solamente están encendidas en el desayuno. Para comer y para cenar las bloquean, así que no hay café. Por otro lado, la bebida no va incluída sino que hay que comprarla aparte.


Colesterol para empezar bien el día


Embutido


Bollería variada


Paella en primer plano


Buffet, vista lateral


Un poco de pasta basta


Zona de postre


Flan


Arroz con leche


Fruta, la gran olvidada

He comentado el tema del colesterol en el desayuno, pero debo extenderlo al resto de comidas. De todos modos es de justicia decir que, aún no siendo fácil, es posible comer de forma más o menos suave. Sin embargo, era motivo de angustia para mi comparar mis hábitos de comida con los que veía a mi alrededor. Imagínate el cuadro:

  • Hombre de 38 años comiendo una ensalada de primero, un poco de pasta o algo suave de segundo y un postre dulce (ahí me cuesta contenerme). Para desayunar, un plátano, una tostada con queso y un café.
  • Hombre o mujer del doble de edad zampándose unas albóndigas bañadas en grasa o un plato hasta arriba de paella de primero, unas costillas con patatas fritas y croquetas de segundo y el mismo postre dulce. Y mucho pan. Para desayunar, huevos con bacon, dos croissants, una magdalena, un café con leche y un par de panes metidos en el bolso en un descuido del camarero (por si hay hambre a media mañana).

La verdad es que me hacía temer que en cualquier momento alguna arteria colapsada nos entretuviera la tarde.


Llenando los platos


Comensales


Detalle de comensal

En resumen

  • La guerra civil y la posguerra hicieron mucha mella en España. El comportamiento de esas gentes que tanto sufrieron ante la comida es distinto al de las generaciones más jóvenes. Nosotros comemos basura por comodidad; ellos acumulan porque uno nunca sabe si mañana va a haber un plato en la mesa.
  • Recomiendo la experiencia vital de ir a un sitio pensado para un tipo de cliente muy distinto a uno mismo. Si sobrevives, es divertido.
  • La variedad pero sobre todo la calidad de la comida es bastante baja, pero no esperaba más. De hecho, lo que encontré fue lo que esperaba, así que también lo recomiendo por ese lado. Qué coño, cuando yo era pequeño era todo así y nadie se ponía exquisito.
  • El precio es variable en función de la temporada turística. Yo nunca iría a ese lugar en temporada alta, simplemente porque estaría más masificado, sería mucho más caro y además no es mi tipo de vacaciones preferido. Pero sí me gustó ir en temporada baja porque aunque igualmente estaba bastante lleno, el precio era muy barato. En concreto, desglosando por persona, la cosa nos resultó a 16 euros al día. Esos 16 euros incluyen alojamiento, desayuno, comida y cena. Flipa.
  • Si eres un gourmet, olvídate de este sitio. Pero en Mover el Bigote somos los críticos del pueblo llano.
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