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Restaurante Idílico (Zaragoza)

LLevamos comiendo en el Restaurante Idílico unos cuantos años y nunca llega el momento de hacer una crónica de sus comidas. Unas veces por A otras veces por Z, pero que no ha habido manera, así que ahora que tenemos tiempo nos ponemos (a ello).

El restaurante está en unos bajos de la C/ Doctor Cerrada 12. En su día, recuerdo que Doctor Cerrada llegó a convertirse en una zona de marcha de alto alcance y en el espacio que hoy ocupa nuestro restaurante protagonista había una discoteca bastante popular (popular no en la acepción de “del pueblo” sino de “frecuentada”), Bahia creo que se hacía llamar.

Como hemos ido tantas veces y 15 imágenes valen más que 300 palabras os dejo las fotos y cada uno que opine lo que quiera. El menú es de 19€ entre semana, 23€ los fines de semana y festivos.

Fotos:


Zaragoza El idilico
Menú de las primeras veces que fuimos

Zaragoza El idilico
Sala-comedor

Zaragoza El idilico
Aperitivos y fuente con aceite, mahonesa y tomate con panes varios

Zaragoza El idilico
Ensalada con rulo de cabra, creo.

Idilico
Pasta

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Arroz

Idílico
Más arroz meloso

Zaragoza | Idílico |
Carne con patatas

Zaragoza | Idílico |
Carne tb.

Idilico
Pescado no parece

Idílico
Bacalao

Zaragoza | Idílico |
Postres varios

Zaragoza El idilico
Más postre

Idilico
Otro

Idílico
Más

Idílico
El último postre


Mapa:


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Mesón la Cocinona (Vegacervera, León)

En la entrada anterior de hace unos días os hablábamos de un viaje a León con parada en un pueblo de Palencia para cenar y hacer noche. Pues bien, llegamos a León y “llegar a León” ya es sinónimo de enfordar 4 kg. Es una pena pero es así. Que tristeza tenemos que tener todos aquellos que usamos el cuerpo para trabajar. Es duro, pero lo primero es lo primero y a tí te encontré en la calle.

En esta ocasión, no me voy a extender mucho (hablo del texto de este post, no de mi estómago) porque las fotos hablan por sí solas y ya sabéis: “vale menos 1000 palabras que una foto” o como sea el refrán.

Subimos desde León a Vegacervera con la intención de ver el paisaje excepcional, porque lo de escalar los riscos nos viene un poco grande. Así que reservamos en el Mesón la Cocinona por si había problemas de logística. Hicimos tiempo viendo la zona hasta las 14:30 y fuimos para allá.

DSG (o mejor dicho, D punto S punto G punto) estaba jodidillo de sus taras, así que después de pensarnos muy bien qué pedir, nos decantamos, 3 de los 4, por el cocido y la otra eligió el menú: alubias con almejas y cecina de ciervo (vamos, lo que viene a ser cocido). Los postres un poco de todo, tarta el wiski, algo de choco y natillas, creo. Durante la comida, gastronómica, todo fueron risas y buenos rollos. Después para tomar el café decidimos ir a la parte de afuera y ahí empezaron las malos remordimientos. Que si un día es un día, que si mañana a lechuga, que si no vamos al gimnasio desde enero… en fin, lo de siempre.

Todo por el módico precio de 15 euros con café incluido. Si quieres pasar un finde por la zona, pásate por este restaurante. El paisaje está muy bien, y puedes visitar las Cueva de Valporquero, famosa en el mundo entero.

Fotos:


Vegacervera | Mesón la Cocinona |
Menú

Vegacervera | Mesón la Cocinona |
Cuenco con el primer plato

Vegacervera | Mesón la Cocinona |
Cuenco con otra cosa

Vegacervera | Mesón la Cocinona |
La santísima trinidad

Vegacervera | Mesón la Cocinona |
Judía verde de dieta

Vegacervera | Mesón la Cocinona |
Cosas ricas con garbanzos

Vegacervera | Mesón la Cocinona |
Madremía

Vegacervera | Mesón la Cocinona |
Acelgas

Vegacervera | Mesón la Cocinona |
Visión panorámica

Vegacervera | Mesón la Cocinona |
Tarta al whisky

Vegacervera | Mesón la Cocinona |
Postre tremendo

Vegacervera | Mesón la Cocinona |
Casi nada para el cuerpo

Vegacervera | Mesón la Cocinona |
Vistas de los riscos

Vegacervera | Mesón la Cocinona |
Escaladores que acaban de comer un cocido

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La Antigua Carbonera (Zaragoza)

Nuestro compañero Javier, alma pater de éste, nuestro querido blog, había sido invitado a impartir un taller en el Centro de Arte y Tecnología de la capital maña, por todos conocido como Etopia. Y allá que fuimos una tarde zaragozana de julio, a las 18:30 con chaqueta de invierno y bien abrigadicos. Tras una presentación de Viriato (el organizador), Javier nos explicó los aspectos introductorios sobre la curación de contenidos y luego desenfundamos el portátil y realizamos algunas prácticas sobre el tema que cada miembro (con perdón) del taller había propuesto. Los temas, sin duda, de lo más variopintos: desde la “ganadería bovina” hasta el “blockchain y la tokenización”, pasando por la “fotografía de desnudos con sangre”. Enseguida llegaron las 21.00 horas y como los chicos de On topic (Viri y Livia) nos habían prometido, bajamos al espacio de coworking de la planta baja para tomar una cerveza Ámbar. Sin embargo sólo nos quedamos los organizadores, el ponente (acepción de docente), Jesús (compañero de curro) y Ángel, un hombre del renacimiento, no por viejo, sino por la multitud de disciplinas que practica. Lo mejor de cada casa, vamos. Livia nos preguntó si les queríamos acompañar en la cena y en un alarde de compañerismo y generosidad, no nos pudimos negar a la invitación.

Así que, como la reserva era en La Antigua Carbonera (Av. Pablo Gargallo, 84, 50003 Zaragoza) fuimos alcorzando y hablando sobre el término aragonés Alcorce, que siempre es un tema muy socorrido. Todos los que trabajamos en la pasarela sabemos que estas cenas que se preparan tras un acto, charla, congreso o taller, son un mero trámite donde las convenciones sociales a lo largo de los años las han convertido en algo protocolario.

El problema que hemos detectado en este tipo de cenas, es que hay temas que no se pueden sacar a la mesa (nunca mejor dicho). La política, la religión y conversaciones que puedan dar lugar a polémica, como Cataluña, el Barsa, los gitanos o cuestiones similares. Por eso la primera media hora suele ser una toma de contacto, lo que vendría a ser en lenguaje popular: “a ver de que pie cojea cada uno”. Tanto los organizadores como el ponente deben mantener la compostura y mostrarse como “no son”. Por ello, al principio siempre se tocan temas poco trascendentes, lo que vendría a ser “conversaciones de ascensor con un pelín más de enjundia”. Una vez pasado ese trámite introductorio, se profundiza en temas de índole personal, que si los hijos por aquí, que si el trabajo por allá, que vaya con el IVA, que los autónomos ésto, que los funcionarios lo otro…

Conocedores de esta problemática, que lejos de terminarse, cada día se acrecienta, Jesús y yo mismo decidimos dinamitar la cena, evitando así cualquier tipo de convencionalismos. La idea consistía en meternos con nosotros mismos. Yo pondría el foco en Jesús y él pondría el foco en mí, contemplando incluso violencia verbal si hubiera sido necesaria. De esta manera nos mostraríamos, unas veces como héroes, otras como villanos … Era una estrategia arriesgada pero al fin y a la postre fue efectiva. La intención era que Javier se llevara una buena impresión de los zaragozanos y conociera ese don que dios nos ha dado de “buena gente”, hospitalaria y un poco “tocados por el cierzo”.

Pero centrémonos en lo que aquí nos ha traído, que es el tema de las comidas. Se llegó a un consenso rápido, capitaneado por el liderazgo de Livia: una ensalada para compartir y una tostada. La ensalada estaba buena y las tostadas (rulo de cabra, fuá, y bacalao) también. Aunque pueda parecer trivial la frase anterior no debéis menospreciar la calidad y capacidad culinaria de #moverelbigote. En plena cena y gracias a la discrección de Jesús salió en la conversación que Javier y yo mismo teníamos un blog de comidas de todo tipo y Javier tuvo a bien leernos una de las mejores críticas que se han escrito a lo largo (y ancho) de la historia y que claramente podría haber ganado la Judía Verde con Ajos Tiernos (que vienen a ser los Pulicher de la media y baja gastronomía). El texto publicado en Embutishop reza:

La cecina de vacuno de Embutidos Manolo viene envasada en lonchas finas y al vacio. Cada paquete contiene unas 9-10 lonchas, que presentan una tonalidad de roble que les confiere presencia. Es recomendable abrir el paquete en un entorno lo más neutro posible para que la liberación empape nuestras papilas olfativas.

Todo en esta cecina es suave, excepto el color que le da cuerpo. Textura agradable y sabor sin estridencias, no excesiva grasa y una experiencia de masticación agradable. Otras cecinas te achorizan, pero esta no lo hace apenas. El olor también acompaña, pues a la explosión a la apertura del paquete sigue un acompañamiento dulzón, que embriaga.

Recomiendo guardar una loncha y enrollarla en una porción de chocolate negro. El contraste dulce-tosco es como mínimo un reto al alcance de muy pocos. Acompañar de un crianza

Además se habló del frigo de Livia, de los cursos de verano de Ángel sobre “Brujas, vampiros y zombis”, de marathones y de convenios colectivos de funcionarios, de tranvías y de fotografía líquida. Una cena nada convencional.

El servicio es bueno y la camarera maja (en el sentido aragonés del término). Con café y algunos con postre (Ver fotos) 10 euros por barba. Queda recomendado.

Fotos:


Zaragoza | La antigua carbonera |
Javier preparando el taller

Zaragoza | La antigua carbonera |
Ensalada

Zaragoza | La antigua carbonera |
Tostada de bacalao

Zaragoza | La antigua carbonera |
Tostada de foie

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Tostada de queso de rulo con mermelada o algo

Zaragoza | La antigua carbonera |
Postre de queso que no sabe a queso

Zaragoza | La antigua carbonera |
Viriato y Javier (de izquierda a derecha)

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Jesús pensativo


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IT-TOKK (Victoria, Gozo, República de Malta)

Agradecer a Jesús Alonso Ordoñez las comidas que a menudo compartimos en el trabajo. Otras veces se va a Malta y nos trae más. Gracias Mil

En mis últimas vacaciones tuve la suerte de visitar la República de Malta, ese país insular del sur de Europa que en España más allá del famoso y amañado 12-1, con el que nuestra selección nacional de fútbol consiguió imponerse en el clasificatorio de la Eurocopa de 1984, apenas es conocido.

Los últimos veranos, unos amigos de Zaragoza y yo, en el grupo de WhatsApp nos hacemos llamar “Vividores”, realizamos un viaje para conocer algo de mundo, pasarlo bien y convivir el tiempo necesario como para no querer repetir otra semana entera juntos hasta el año siguiente.

Esta vez nos decantamos por Malta, llamados por el sol, sus claras aguas y otras nociones del país que yo personalmente me había empapado en el verano de 2010, cuando, con un poco más de mi actual lozanía, estuve a punto de irme al archipiélago maltés a estudiar inglés.

Allí, aparte de sudar como cerdos, sufrir sus carreteras y percibir un tufo siciliano en el temperamento de algunos malteses; descubrimos un rico patrimonio histórico y cultural, resultado de lo disputado que ha estado el territorio a lo largo de los siglos, preciosos rincones de costa y acantilados, así como la belleza del fondo marino de su litoral. Todo ello, a mí por lo menos, me hizo disfrutar de una de las mejores experiencias que he vivido como aficionado viajero, recomendable a todos los apasionados de la historia y aventureros.

Culinariamente Malta tampoco me dejo indiferente, para bien. Pese a pequeños atisbos de globalización como los omnipresentes McDonalds y Burger King, los restaurantes tradicionales malteses basan su cocina en la dieta mediterránea, con gran influencia italiana, dada la cercanía del país a la costa siciliana, y cierta semejanza a la gastronomía española, tampoco hay que olvidar que el archipiélago perteneció a la Corona de Aragón en la Baja Edad Media y parte de la Edad Moderna.

Durante la semana que estuvimos por allí, comimos platos tan sumamente ricos que, a diferencia de otros viajes, en ningún momento echamos de menos la comida de casa. Ejemplos de ello el lampuki que degustamos en el puerto de Marsaxlokk, un pescado azul típico de la isla de Malta que sirven asado al punto con verduras y patatas; el increíble risotto de marisco que probé una noche en Bugibba, diferente al de setas y no del todo igual a la paella; o como generoso aperitivo los ricos pastizzi, unos pastelitos de hojaldre y ricotta que venden por todos los sitios en el archipiélago a unos 30 céntimos la unidad.

Durante aquella semana en Malta, de todas las comidas (gastronómicas, claro), fue singular la que hicimos en un lugar llamado “It-Tokk” situado en la céntrica Plaza de la Independencia de Victoria, capital de la isla de Gozo, muy cerca de la Ciudadela. Llegamos allí tras preguntar, en la oficina de turismo que se ubica junto al restaurante, dónde podíamos degustar otro plato tradicional del país: el conejo guisado al estilo maltés. Algunos de mis amigos tenían antojo después de probarlo otro día que salimos a cenar en Bugibba cuando otro del grupo, Sergio, había pedido el popular “Rabbit” y generosamente nos había dejado degustarlo al resto; además, como al día siguiente regresábamos a España era ese el momento, o nunca, de vivir esa experiencia gastronómica.

Al entrar al restaurante, la camarera, atentamente, nos acomodó junto a una ventana que daba a la plaza y estaba abierta, minipunto para ella, en ese país los aparatos de aire acondicionado no dan abasto en pleno mes de agosto y, si no estás cerca de una pequeña brisa, una rica comida puede acabar convirtiéndose en un auténtico suplicio.
Aparte de la amabilidad del personal el tiempo que estuvimos allí, el local en sí y su decoración nos pareció singular, con un estilo rústico marcado por sus paredes de piedra o vigas de madera, a la par que original con una lámpara compuesta de copas que copa, valga la redundancia, todo el comedor. Tampoco nos dejó indiferente la terraza ubicada en la planta superior del restaurante, con techo de cañizo y unas ventanas en forma de arco desde las que se divisa toda la plaza, seguro que ideal para otra época del año.

Con respecto a los platos, el conejo guisado con patatas y zanahoria que comieron mis amigos, los dos Javis y Luri, debía de estar exquisitamente cocinado ya que no dejaron mucho en los platos; también se terminó todo Sergio, en esta ocasión él se decantó por un pescado que se ofrece mucho en los restaurantes del archipiélago, el salmón, servido esta vez a la plancha con ensalada y extra de patatas fritas que allí te traen, casi siempre, en un recipiente aparte; por último, Susana, única chica del grupo, y yo elegimos pasta, ella unos raviolis, en su opinión muy buenos, y yo macarrones con salmón y queso rallado que, aunque no tenían mucho misterio, estaban riquísimos.
Las viandas estuvieron regadas por un vino rosado llamado “Dolcino” que rompía el tópico o mala fama de los vinos malteses, ya que entraba muy suave, y tras los platos principales, antes de levantarnos de la mesa, tomamos café e infusiones para rebajar la comida y continuar nuestro viaje aquella tarde hasta Dwejra, la cercana localidad dónde se ubicaba la ya derruida ventana azul.

Esta comida supuso para nosotros el broche perfecto y, casi, final a un viaje que como el lugar del almuerzo no olvidaremos jamás, entre otras cosas porque además de ser aficionados exploradores y vividores, somos amantes del buen comer.

Fotos:


IT-TOKK
It-Tokk

Macarrones con salmón
Macarrones con salmón

Raviolis
Raviolis

Risoto
Rissoto

Salmón
Salmón

Lampuki
Lampuki

Conejo maltés
Conejo Maltés

Dolcino
Dolcino

Infusión
Infusión


Mapa:


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Homenaje a Chus Gimeno

No podíamos dejar de utilizar este púlpito que nos ofrece Internet para hacer un pequeño homenaje a @chusigoza, que el lunes 22 nos dejó a causa de una larga enfermedad. Nosotros somos más de criticar que de alabar, pero como es de bien nacido, ser agradecido, hemos creído que a Chechu le hubiera gustado leer este homenaje.

Quien conoció a Chus no hace falta que siga leyendo. Para los que no la conocieron, Maria Jesús era una superviviente que vivió las vidas que no le habían tocado vivir. Pero lo hizo sin malas caras, siempre con la sonrisa en la boca. A menudo se encargaba de pinchar con la realidad, esos mundos paralelos en los que nos encontrábamos inmersos, con una fina ironía, sin artilugios ni fuegos de artificio. Esa era Chus. Tenía una forma peculiar de contar las historias: primero lanzaba el bombazo, pimpampum, y luego suavizaba con toques ingeniosos de humor, hasta que todos acabábamos partiéndonos de risa.

Son mil y una historias que podría recordar: sus problemas con el ordenador portátil, el viaje con la familia a la playa, el día que un profesor nos enseño porno en clase, los cafés en la Feria, las charlas en el círculo del poder, las cenas de fin de curso, los líos que se hacía con el smarphone, el día que la profesora (apoyada en una columna con las piernas cruzadas) le rogaba que se callara, pues no podía parar de reír. Tantas y tantas historias.

Chechu era, además, nuestra mas ferviente colaboradora y la primera que leía los post y nos hacía comentarios. Ella había entendido de qué iba nuestro blog y siempre estuvo allí apoyando. Porque Chus fue una persona inquieta y generosa. Optimista porque sí. Ella creó una nueva definición de tragicomedia. Todo era la vida en directo, sin dobleces, directa. Esa era Chus. Esa es Chus.

DEP. Saldremos adelante.

 

Zaragoza | Ascot | Eloy Fernández Clemente, Chus Gimeno Casañola, Carlos Sanz Paricio y Javier Leiva Aguilera
Chus, Javier, Eloy y yo

Chus
Chicas Master MGUSID

PD: os dejamos las colaboraciones de Chus en el blog

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