Can Maño (Barcelona)

Agradecemos esta crónica a Jordi Serrano, uno de nuestros mejores colaboradores al que algún día tendremos que ceder el honor de que nos invite a comer

De vez en cuando los TIC de la biblioteca confraternizamos con los del archivo y nos ponemos de acuerdo para salir a #moverelbigote en tradicionales casas de comida de Barcelona. Lugares en donde prima la calidad de la comida casera por encima del diseño del local y la presentación de los platos. Al que hay que reconocer un segundo criterio: que prime la fritanga y la contundencia de los platos, eso sí de calidad.

Un par de veces ya aterrizamos en el Restaurante Gelida (la segunda por accidente ya que el objetivo era zamparnos una langosta, proyecto que fracasó y que tenemos pendiente) y que se merece una crónica que prometemos si la crisis no nos asfixia 😉

Previo consenso con un Doodle, hoy era el día de seguir con nuestra tarea. ¿El motivo? varios: Que Gemma C. ya acabó el semestre y podía compartir mesa con el resto y no oír las alabanzas al día siguiente. También que era un motivo para reencontrarnos con Christian M. que desde hace unas semanas vive exiliado en la Facultat de Nàutica con motivo de los recortes y reajustes de personal que sufrimos y finalmente porque este mes nos aplican el recorte acumulado del 3% en la paga extra y antes de que se queden la pasta pues nos la gastamos (de aquí unos años, si alguien leyera esta crónica debería haber un enlace a la Wikipedia sobre el concepto paga extra. Esperemos que la web semántica se encargue de ello 😉

Pues nada que allá vamos hacia el Maño en el corazón del barrio de pescadores de Barcelona: la Barceloneta. Después de salir de una reunión con el boss y ver la cara de hambre o tal vez reproche de los digitales y archiveros, para el Metro que nos vamos David G., Fran M., Gemma C., Toni P. y servidor. El miedo a los guiris que colapsan la ciudad, las playas de Barcelona y los restaurantes de la zona nos pone nerviosos, pero vía Whatsapp presionamos a Christian M. el exiliado para que vaya haciendo cola y reservando mesa…

Algunos ya habíamos estado, uno porque anduvo por la Facultat de Nàutica un tiempo y al mediodía me dedicaba a explorar el barrio y los archivologos (palabra que irrita a Fran) también en una visita al exiliado y encargado de ocupar la mesa, que nos recibe con cara de sentirse presionado por el dueño del local.

Se cuenta que el Maño era una antigua taberna de pescadores y en eso no ha cambiado: se respira antigüedad por todas partes, las fotos, la pizarra con los platos, la barra, la nevera de esas con puerta de madera y las mesas de formica que nos indican que antes que nosotros ya pasaron varias generaciones. Algunos pensarán que necesita una mano de pintura y/o renovación pero seguro que pierde su encanto acumulado en sus paredes a lo largo de décadas.

Solo sentarnos rodeados de turistas y vecinos de toda la vida (apretaditos, pero sentados) ya llega el maño con el pan y los platos que dócilmente nos repartimos.

Por la experiencia anterior optamos por la prudencia y decidimos pedir en dos rondas La primera un par de ensaladas de la casa, berenjenas rebozadas, calamares a la plancha y también a la andaluza… todo acompañado de una primera ronda de vino blanco de Gandesa, del de la bota, ese que ya es difícil de encontrar por la ciudad.

La ensalada modesta pero con lo que toca: lechuga, tomate, cebolla y sus aceitunitas, no hay que pedir más, las berenjenas de lo mejor con un crujiente rebozado al igual que los calamares a la andaluza. Nota también para los calamares a la plancha con su salsa de perejil por encima.

Lo bueno dura poco y nos ponemos de acuerdo en pedir otra de berenjenas, chipirones y tortilla española (si, española, en la pizarra pone española, no de patatas) acompañado de la segunda ronda de vino de Gandesa, claro. Todo muy bueno aunque la tortilla con división de opiniones respecto a si estaba suficientemente hecha o no. De esta segunda ronda no hay imágenes, un error del cronista, disculpen. Aunque hay pruebas de los restos de los chipirones más abajo.

Para el postre decidimos cambiar de aires… lo apretaditos que estábamos y la calor lo sugerían, pero es otra historia los helados que nos zampamos.

Volviendo a el Maño, lugar recomendable si no tenéis escrúpulos con la estética vieja del local, no os dejéis engañar, la calidad de sus productos compensa la estética. La ¿factura? a mano como en los viejos tiempos: 56,50 euros los seis, o sea 9,41 al cambio.

¿Qué más se puede pedir? Servicio familiar, ambiente acogedor y caluroso, apretados y con rumba en directo incluida.

Fotos:

Barcelona | Can Maño | Platos para repartir
Platos a repartir

Barcelona | Can Maño | Vista del local y rumba
Vista del local con rumba de fondo

Barcelona | Can Maño | Vino de Gandesa y agua
Vino de Gandesa y agua

Barcelona | Can Maño | Ensalada
Ensalada

Barcelona | Can Maño | Berenjenas rebozadas
Berenjenas rebozadas

Barcelona | Can Maño | Calamares a la andaluza
Calamares a la andaluza

Barcelona | Can Maño | Calamares a la plancha
Calamares a la plancha

Barcelona | Can Maño | Restos de chipirones
Restos de chipirones

Barcelona | Can Maño | La cuenta
Factura

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2 comentarios para “Can Maño (Barcelona)”

  • Rafael Ibáñez:

    Está claro: para #moverelbigote a gusto se necesitan pocas cosas: ganas de comer y platos sabrosos (aunque sean sencillos). Si a eso se le añade una compañía grata y obviamos otros condicionantes, ¿qué más se puede pedir?
    Y una cosa está clara: en los puertos españoles se come de vicio (casi me atrevería a decir que cuanto más cutre sea el local, mejor; pero no lo digo para que nadie se ofenda y porque las generalizaciones no suelen ser justas).

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  • […] hasta el fin de fiesta, pasada la media noche. Recargar pilas con unas tapitas en Can Maño, Bar Bitácora o en el Bar Electricitat  es […]

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