Archivo de la categoría ‘Zonas (España)’

Panadería La Merced (Canet de Berenguer)

Todos los años solemos acercarnos a la playa para celebrar el cumple del pequeño Asb. Llevábamos un par de años viajando a Puerto de Sagunto y en esta ocasión decidimos, por cambiar un poco, ir al pueblo de al lado, Canet de Berenguer.

La zona es tranquila y en junio es ideal en cuanto a tiempo metereológico y en cuanto a bullicio de gente. Normalmente, me suelo levantar antes que asb y rkl, así que me gusta ir a dar una vuelta por el pueblo a ver sitios para desayunar.

Explorando Google Maps ya vi, que por la zona donde habíamos pillado el AirBNB sólo había un bar, un kebab y una cafetería/panadería. A 10 minutos andando estaban, eso sí, todos los bares clásicos pegados a la playa.

Así que me senté en la misma terraza dos días seguidos. El primer día, sin más (véase foto. Café con leche y tostada de tomate con aceite: 1,50). El segundo día fue para mear y no echar gota. Había apenas tres mesas ocupadas, pero poco a poco se fue sentando gente, hasta que se llenó la terraza. Todos y cada uno de los clientes fueron atendidos antes que yo. Tuve la sensación de ser transparente, como si me pudieran escupir en cualquier momento. Pasados veinte minutos, levanté la mano para que me sirvieran, la chica me pegó un medio-grito: “ya voy” con cara de mala leche.

“Déjalo, déjalo, ahora déjalo” –le dije. Me levanté y me senté en el bar de al lado (el Canyaret) a unos 4 metros de distancia de la panadería.

Parece evidente que no recomiendo tomar nada en esta panadería, aunque si sois conocidos o vais bien vestidos igual os sirven antes, vete tú a saber.

Fotos:


Canet
Desde la calle

Canet
Terraza

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Tostada con tomate, aceite y sal + café con leche


Puntuaciones
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Birolla 4 (Zaragoza)

Algunas veces los amigos de la juventud celebramos que no hemos celebrado algún “acto” digno de celebrar, y lo hacemos (el acto no, la celebración) con una comida gastronómica, para no mezclar. Este año, Manolo (uno de poco pelo, lo podéis ver en la foto) nos recomendó el Birolla4 y para allá que fuimos. No somos mucho de discutir por los foros de Wuasap. Somos más de “ok” “muy bien” “como digáis”. La falta de un líder siempre ha sido nuestro espada de damocles y ésto a veces tiene sus cosas buenas. Oscar se suele encargar de la burocracia hasta que algún día diga que sefiní, pero nosotros somos más de estirar la cuerda y cuando se rompa ya compraremos otra. Pues eso, que Oskitar se encarga de todo y reservó mesa para un sábado noche con un par de meses de antelación para poder ir a la cena unos cuantos.

Pero centrémonos. El Birolla 4 es un restaurante agradable, pseudo burgués, pero que siendo proletario te sientes cómodo. Ibamos con Manolo que llevaba una camisa con el cuello con la bandera de España, pero nosotros tampoco somos de criticar. Así que nos sentamos y la atención del camarero fue buena tirando a muy buena. En la mesa de al lado había un señor periodista que sale en Antena Aragón. En cuanto a la comida, que es de lo que hemos venido a hablar, habíamos negociado tras varias llamadas de teléfono un menú de 25 y luego nos pusieron un menú de 25. Así que todo correcto.
Comimos y bebimos (véase fotos): Tres entrantes divinos: Milhojas de foie con córcuma, Alcachofas con miso y reducción de guisantes, Puntalette de longaniza, borraja y cebolla seca. Y de segundos: solomillaco o atún rojo. De postre algo de carajillo de baileys, creo recordar.
Salimos contentos, en la acepción de agradecidos, no de borrachos. Por lo que el restaurante queda recomendado sin lugar a dudas. Volveremos para celebrar algún aniversario o con los amigos del pueblo. Relación calidad/precio OK.

 

Fotos:

Zaragoza | Birolla4 |
Entrada

Zaragoza | Birolla4 |
Contrapicado de certidumbre

Zaragoza | Birolla4 |
Los más guapos del local, salvando las distancias

Zaragoza | Birolla4 |
Milhojas de foie con córcuma

 

Zaragoza | Birolla4 |
Alcachofas con miso y reducción de guisantes

Zaragoza | Birolla4 |
Puntalet de longaniza, borraja y cebolla seca

Zaragoza | Birolla4 |
Vinorro

Zaragoza | Birolla4 |
Lomo de vaca vieja con crema y chips de boniato

Zaragoza | Birolla4 |
Atun rojo marinado con soja, sésamo y pisto de verduras (con cosas ricas, vamos).

 

Zaragoza | Birolla4 |
Carajillo Birolla4


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Homenaje a Chus Gimeno

No podíamos dejar de utilizar este púlpito que nos ofrece Internet para hacer un pequeño homenaje a @chusigoza, que el lunes 22 nos dejó a causa de una larga enfermedad. Nosotros somos más de criticar que de alabar, pero como es de bien nacido, ser agradecido, hemos creído que a Chechu le hubiera gustado leer este homenaje.

Quien conoció a Chus no hace falta que siga leyendo. Para los que no la conocieron, Maria Jesús era una superviviente que vivió las vidas que no le habían tocado vivir. Pero lo hizo sin malas caras, siempre con la sonrisa en la boca. A menudo se encargaba de pinchar con la realidad, esos mundos paralelos en los que nos encontrábamos inmersos, con una fina ironía, sin artilugios ni fuegos de artificio. Esa era Chus. Tenía una forma peculiar de contar las historias: primero lanzaba el bombazo, pimpampum, y luego suavizaba con toques ingeniosos de humor, hasta que todos acabábamos partiéndonos de risa.

Son mil y una historias que podría recordar: sus problemas con el ordenador portátil, el viaje con la familia a la playa, el día que un profesor nos enseño porno en clase, los cafés en la Feria, las charlas en el círculo del poder, las cenas de fin de curso, los líos que se hacía con el smarphone, el día que la profesora (apoyada en una columna con las piernas cruzadas) le rogaba que se callara, pues no podía parar de reír. Tantas y tantas historias.

Chechu era, además, nuestra mas ferviente colaboradora y la primera que leía los post y nos hacía comentarios. Ella había entendido de qué iba nuestro blog y siempre estuvo allí apoyando. Porque Chus fue una persona inquieta y generosa. Optimista porque sí. Ella creó una nueva definición de tragicomedia. Todo era la vida en directo, sin dobleces, directa. Esa era Chus. Esa es Chus.

DEP. Saldremos adelante.

 

Zaragoza | Ascot | Eloy Fernández Clemente, Chus Gimeno Casañola, Carlos Sanz Paricio y Javier Leiva Aguilera
Chus, Javier, Eloy y yo

Chus
Chicas Master MGUSID

PD: os dejamos las colaboraciones de Chus en el blog

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Catadores expertos en Embutishop

Desde hace algún tiempo estamos trabajando como catadores expertos para la tienda de embutidos y otros productos de alimentación Embutishop. El sistema es sencillo: ellos nos envían chorizos, salchichones, quesos y otros productos y nosotros les hincamos el diente y realizamos nuestro comentario como profundos conocedores del arte de las comidas.

Como ejemplo, dos botones:

Nota de cata sobre el Aceite de oliva ecológico Conde de Benalúa

A pesar de no ser experto en aceite (lo mío son los chorizos, eso sí, de cualquier tipo), os voy a hablar del aceite ecológico Conde de Benalúa BIO.

Recuerdo que hace unos diez años realicé una cata de aceite. Quedé perplejo cuando nuestro profesor, un riojano de pura cepa, comentó: “si sabe a aceite no puede ser muy bueno” y lo explicaba exponiendo que los neófitos teníamos interiorizado como sabor del aceite, aquel que compramos en el supermercado. Siguiendo esta argumentación, he de decir que el Aceite Conde de Benalúa no sabe a aceite. Es oro líquido.

Con un tono amarillo-verdoso presenta un aroma a hierba verde, digno de cualquier prado del Sudeste asiático. El gusto al paladar o “aceite en boca” destaca por ese toque vegetal, a la vez que por su intensidad y frescura. Respecto al análisis táctil alucinarás con su consistencia entre fluida y acuosa. Pero lo verdaderamente embriagador de este aceite es sin duda el equilibrio armónico entre aromas y sabores, que lo convierten en una joya de la eco-bio-naturaleza.

Recomendado queda. Ideal para la tostada mañanera con tomate untado, así como, para cualquier tipo de ensalada.

Nota de cata sobre la Cecina de vaca en lonchas

La cecina de vacuno de Embutidos Manolo viene envasada en lonchas finas y al vacio. Cada paquete contiene unas 9-10 lonchas, que presentan una tonalidad de roble que les confiere presencia. Es recomendable abrir el paquete en un entorno lo más neutro posible para que la liberación empape nuestras papilas olfativas.

Todo en esta cecina es suave, excepto el color que le da cuerpo. Textura agradable y sabor sin estridencias, no excesiva grasa y una experiencia de masticación agradable. Otras cecinas te achorizan, pero esta no lo hace apenas. El olor también acompaña, pues a la explosión a la apertura del paquete sigue un acompañamiento dulzón, que embriaga.

Recomiendo guardar una loncha y enrollarla en una porción de chocolate negro. El contraste dulce-tosco es como mínimo un reto al alcance de muy pocos. Acompañar de un crianza

Podéis leer todas nuestras notas de cata en esta búsqueda dentro de Embutishop.

Aprovechamos para anunciar que todavía nos queda espacio en la nevera, así que estamos abiertos a nuevas ofertas como catadores por parte de otras empresas.

Embutishop

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Restaurante Vegetariano Gaia (Burgos)

Agradecer una vez más la colaboración burgalesa de Rafa Ibañez

Si en Burgos buscas un local peculiar en el que disfrutar moviendo el bigote, sin duda tienes que llegarte hasta lo alto de la calle Fernán González, a medio camino entre la catedral y el arco de San Gil, a tiro de piedra (con buen brazo, eso sí) del solar en el que se asentaba la morada del Cid. Aunque algo escondido en un pliegue urbano —una escalinata—, se trata de un espacio acogedor, en el que Marisol y Miguel han plasmado sus experiencias y su personal forma de entender la existencia: no viven para trabajar, sino que trabajan para vivir, y se nota que les gusta lo que hacen y cómo lo hacen. Esa vitalidad no sólo se refleja en la decoración del local, sino que se transforma en una rica combinación de aromas, sabores y texturas en cada plato, un torbellino de actividad en el servicio y una cordialidad que supera con creces la mera cortesía. Discreto en su promoción —Restaurante Vegetariano Gaia no tiene página web, sino un simple espacio en Facebook—, atrae sin embargo a todo tipo de público, desde el joven de aspecto kostra al maduro alternapijo, desde el estudiante inquieto al profesional liberal, desde el explorador al bibliotecario. En su comedor conviven a la perfección la rasta y la corbata, la estética formal y la casual, el comensal solitario y las familias… Y es que resulta un lugar sumamente acogedor que ha logrado hacerse con una clientela fiel pese a los largos periodos de cierre —viajan mucho y lejos— o su horario restringido a los mediodías laborables —vamos, que no dan cenas—, y a la que no le importa esperar a la intemperie —¡en Burgos!— hasta que quede una mesa libre (porque no aceptan reservas previas).

A estos atractivos se suma el de su cocina vegetariana internacional, de modo que no es de extrañar que acudamos a Gaia cada vez que queremos celebrar la festividad de nuestro particular San Queremos. Y así ocurrió hace unos días.

Después de esperar unos buenos veinte minutos —es lo que tiene llegar al salir del trabajo, que otros se nos adelantan—, nos acomodaron en una mesa aliñada con un simple a la par que elegante camino negro. Del menú que ofrecían esa jornada —carece de carta propiamente dicha, pero a cambio cuenta con un amplio menú distinto cada día— elegimos un par de entrantes de esos diseñados con el fin de despertar el paladar, salmorejo de zanahoria y aceitunas verdes con nachos para mi acompañante y gazpachuelo de alcachofas con virutas de kikos para un servidor, que nos trajeron rápidamente con nuestras cervezas, una artesanal La Maricantana y una orgánica Örok Rone Premium Weisse Mehrkorn Hartstelder (sin faltas de ortografía, ¡ahí queda eso!) respectivamente.

Cumplido el trámite inicial, yo me eché al coleto un sabroso plato de cardo y guisantes frescos al estilo de Bangkok acompañados de arroz, en el que destacaba el contraste de texturas entre unas hermosas semillas que se deshacían en la boca como mantequilla y la crujiente resistencia de las pencas. Mi contraria, por su lado, degustó una copa de crema de patata, boletus y amanitas con su espuma, sabrosa versión suave de un plato tradicionalmente contundente. Luego llegó a mi lado de la mesa un delicado hojaldre de Indonesia con gado-gado (verduras con salsa de cacahuetes), mientras que enfrente depositaron buñuelos tailandeses con salsa huancaína peruana, una sorprendente y exquisita combinación rematada con cebolla confitada casera. Para poner fin a tan variopinta comanda, nos decidimos por sendos vasos de postre, de trufa al Pedro Ximénez el uno y crema de yogur casero de melocotón el otro (dejo a la imaginación del lector la averiguación de quién disfrutó qué), a cuál más rico.

Tanto la denominación de los platos como su misma presentación denotan cierta claudicación a algunas modernas tendencias, aunque afortunadamente las cantidades servidas resultan a todas luces suficientes. Y si todo esto resulta sorprendente, ¿qué podemos decir del precio? Nada más y nada menos que 10€ por persona, lo que —añadido el importe de las cervezas— supuso un desembolso de apenas 26€, pagados a tocateja (efectivamente, no aceptan tarjetas).

Para un carnívoro confeso y practicante como yo, disfrutar en el predio vegano de Marisol y Miguel es un placer. Y para quien la cocina en Burgos —designada Ciudad Creativa de la Gastronomía por la UNESCO en 2015—ha de ser algo más que cordero, morcilla y queso, una grata experiencia a la que no se puede renunciar.

Fotos


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Sala de espera

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Par de birras

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Salmorejo y gazpachuelo para despertar el apetito (aunque yo lo llevo de serie)

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Cardo y guisantes frescos al estilo de Bangkok, con el arroz

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Crema de patata, boletus y amanitas con su espuma (y todo)

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Hojaldre de Indonesia con gado-gado

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Hermanamiento incaico siamés

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Vasos de trufa al Pedro Ximenez y de crema de yogur casero de melocotón

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Resumen pecuniario

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Decoración de uno de los paneles del local

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Más testimonios gráficos de las andanzas de Marisol y Miguel

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Complemento ad hoc en la carta

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Menú del día y otros letreros (que leer hace bien)


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