Archivo de la categoría ‘Zonas (extranjero)’

The Bucket Crab & Craw Fish (Corona, California, Estados Unidos)

Pasar un par de meses en Estados Unidos bien merece una celebración, así que en cuanto llegamos a California empezamos a planear una gran mariscada. Tenía que ser en un lugar selecto pero que al mismo tiempo entrara dentro de un presupuesto reducido; tradicional pero acorde con las costumbres modernas de la sociedad norteamericana; típico pero en Corona, una ciudad a las puertas del desierto y sin caladero, por mucho que esté solamente a una hora del Pacífico.

La cosa se antojaba difícil, pero entonces nos quedamos sin helado… decidimos acercarnos a un Stater Bros a por uno de esos enormes botes que venden a $3.99 y justo al lado descubrimos el lugar que estábamos buscando: The Bucket Crab & Craw Fish.

Cada mesa del restaurante se cubre con un mantel de papel y va equipada con un rollo de papel absorbente de cocina. No hay platos, sino que los pedidos se sirven dentro de una bolsa de plástico de la que hay que extraer la comida a mano. Cada comensal está equipado con un babero de plástico y unos guantes de látex, y también se proporcionan tijeras para cortar cáscaras, patas y lo que se ponga por delante. La bebida va en vasos de poliestireno expandido cubiertos con una tapa de plástico, y al contenido se accede sorbiendo por una paja (con perdón).

Pedimos un variado de marisco con una salsa cuyo nombre no recuerdo pero que, como se verá en las fotos, puede evocar lo que quiera cualquier mente perversa. De bebida, agua para los niños y refrescos variados para los adultos, que como es costumbre en la zona te rellenan cada vez que te descuidas. ¡Que corra el azúcar!

La comida estuvo bien, aunque exige concentración; el servicio, correcto; el precio, $38.77 más propina del 15% ($44.23 propina incluida al cambio); hacer fotos en esas condiciones, casi imposible. Lo hicimos por vosotros, y volveremos a hacerlo.

Fotos


Corona (California, Estados Unidos) | The Bucket Crab & Craw Fish
Antes de empezar la faena, impoluto

Corona (California, Estados Unidos) | The Bucket Crab & Craw Fish
Producto

Corona (California, Estados Unidos) | The Bucket Crab & Craw Fish
Manos a la obra

Corona (California, Estados Unidos) | The Bucket Crab & Craw Fish
Marisco, limón y un vaso de DC (Diet Coke)

Corona (California, Estados Unidos) | The Bucket Crab & Craw Fish
Trabajando

Corona (California, Estados Unidos) | The Bucket Crab & Craw Fish
Usando las tijeras para reducir a un rebelde

Corona (California, Estados Unidos) | The Bucket Crab & Craw Fish
Depósito de salsa con parecidos razonables

Corona (California, Estados Unidos) | The Bucket Crab & Craw Fish
Buen trabajo

Corona (California, Estados Unidos) | The Bucket Crab & Craw Fish
La carta

Corona (California, Estados Unidos) | The Bucket Crab & Craw Fish
La cuenta (15% de propina añadida)


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Mapa

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McDonald’s (San Bernardino, California, Estados Unidos)

No es esta la primera reseña que hacemos del McDonald’s, y es lógico porque todo el mundo sabe la cantidad de matices que podemos encontrar entre los distintos locales de la cadena a lo largo, ancho, bajo, fondo y alto del mundo. Pero no siendo la primera, la que estás leyendo es la más valiosa.

La afirmación anterior no es gratuita sino que se basa en el hecho de que aquí, en San Bernardino, es donde nació el imperio McDonald’s. Es la meca de la comida basura, el lugar donde cualquier amante del colesterol malo y los triglicéridos debe ir a rendir tributo.

En plena Ruta 66, los hermanos McDonald, abrieron el local en el que empezaron a vender hamburguesas como churros. Fue el 15 de mayo de 1940, pocos años antes de que se dieran cuenta de que tenían una mina de oro en la barbacoa y empezaran la franquicia que ha dado lugar al imperio que conocemos hoy en día. Si quieres saber más cosas sobre esta historia, visita la Wikipedia que al fin y al cabo es donde he buscado yo los datos.

El caso es que el local donde nació esta cadena de restaurantes ya no sirve comida, sino que es una especie de tributo-museo. Por eso, después de las fotos de rigor, nos fuimos a celebrar nuestra buena ventura al McDo abierto más cercano. Fueron dos Happy Meal, un menú Cheeseburger y otro Hot’n Spicy McChicken. Para finalizar, un café grande que es como decir un barreño de bebida oscura de sabor indeterminado. Todo al módico precio de $21.60 (15,97 euros al cambio); o sea, a casi 4 euros por persona, no está nada mal para un menú gourmet como el descrito.

Fotos:

Estados Unidos | California | San Bernardino | McDonald's | Local histórico
Primer McDonald’s de la historia y lugar de peregrinación de todos los gourmets del mundo

Estados Unidos | California | San Bernardino | McDonald's | Juan Pollo
Juan Pollo

Estados Unidos | California | San Bernardino | McDonald's | Local actual
Local contemporáneo, cerca del lugar de culto

Estados Unidos | California | San Bernardino | McDonald's | Hot’n Spicy McChicken
Hot’n Spicy McChicken

Estados Unidos | California | San Bernardino | McDonald's | Cheeseburger
Cheeseburger

Estados Unidos | California | San Bernardino | McDonald's | Papas
Papas fritas

Estados Unidos | California | San Bernardino | McDonald's | Adoctrinando a los niños
Entrando en los cerebros infantiles

Estados Unidos | California | San Bernardino | McDonald's | Zumo
100% zumo con azúcar

Estados Unidos | California | San Bernardino | McDonald's | Café
Café L

Estados Unidos | California | San Bernardino | McDonald's | Ruta 66
En plena degustación de Beluga

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Mapas:

El del local histórico:

El del que sirve comida:

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Restaurante Don Chon (México DF)

Después de haber comido gusanos, en mi viaje a México de hace unos meses ya estaba decidido a darlo todo por vosotros. Por eso, ante la recomendación que me hicieron de irme al Don Chon (ahora mismo la web no funciona) a comer chapulines (saltamontes, para que nos entendamos), no lo dudé ni un instante.

Pero… las cosas hay que hacerlas bien y ese acto de sacrificio debía incluir un peregrinaje. Así que me fui en metro hasta la zona de Polanco, donde el restaurante de los gusanos, y de allí me desplacé andando hasta la calle Regina 160… justo al lado del Zócalo. Fue una hora y media que me llevó a dar pasos desde una zona buena hasta una muy popular, pasando por algunos cambios en el paisaje urbano que en algún momento me hicieron pensar que me estaba equivocando y no llegaría vivo hasta donde los chapulines. Es curioso lo frágil que se siente uno en algunos lugares sabiendo que se le nota a leguas que es extranjero, pero… justo es decir que todo quedó en mis percepciones y no tuve absolutamente ningún problema.

Pero bueno, el caso es que llegué a la calle Regina, espectacular porque está atestada de tiendas enormes de papelería unas al lado de las otras, y entré al restaurante a cumplir mi misión. Allí pedí lo que sigue:

  • De primero, flores: crisantemos rellenos de atún con salsa de mango.
  • De segundo: chapulines fritos
  • De postre, el fruto origen de los chicles: flan de chicozapote

El primer plato estaba espectacular, y los chapulines estaban bien pero para mi gusto algo demasiado tostados. La verdad es que en cuanto a sabor y textura, prefiero los gusanos. El postre, muy bueno… y para terminar pedí un café que resultó ser de olla.

El precio de todo fueron 310 pesos mexicanos (unos 17 euros al cambio).

Fotos:

México DF | Restaurante Don Chon | Crisantemos rellenos de atún con salsa de mango
Crisantemos rellenos

México DF | Restaurante Don Chon | Chapulines
Plato de chapulines

México DF | Restaurante Don Chon | Chapulín frito
Un chapulín que intentaba escaparse

México DF | Restaurante Don Chon | La prueba del delito
Oh yeap!

México DF | Restaurante Don Chon | Amasijo de chapulines
Amasijo chapulinero

México DF | Restaurante Don Chon | Flan de chicozapote
Flan de chicozapote

México DF | Restaurante Don Chon | Café de olla
Café de olla

México DF | Restaurante Don Chon | La cuenta
La cuenta

México DF | Restaurante Don Chon | Un baño limpio habla bien de quien lo usa
Un baño limpio habla bien de quien lo usa

México DF | El Zócalo
El Zócalo

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Cantina La No. 20 (México DF)

A esta cena me invitaron. Aprovechando mi viaje a México en junio pasado, había quedado con la gente de una empresa española con oficina allí y me llevaron a cenar a la Cantina La No. 20. Imagino que no hay problema en decir el nombre de quien me invitó, pero por si acaso no lo digo. Aún así, desde aquí agradezco la compañía y la invitación.

El lugar está en la zona de Polanco, elegante y con buenos coches aparcados en las aceras. Yo venía de Insurgentes, que no es tan boyante pero tampoco está mal. Me había agenciado una tarjeta 3G mexicana y me dispuse a buscar Google Maps mediante una estación de Metro que me acercara al lugar. Allí estaba: Barranca del Muerto (pinchad el enlace, la historia del nombre tiene interés).

Así que entre la multitud me dirigí a las vías y fui hacia el lugar de la cita, donde ya me esperaban mis anfitriones. Un saludo, un poco de conversación, el camarero que viene con la carta y de repente el momento clave: alguien se da cuenta de que el restaurante ofrece gusanos de Maguey fritos Chinicuil y dice en broma que eso es lo que va a pedir.

Broma, broma… jiji jaja… pero en mi cerebro ya se ha activado el chip del riesgo: si aquí hay gusanos, no te puedes ir sin probarlos. Así que llega el camarero con la libreta y me avanzo con los gusanos. Para beber, una cerveza local: Tecate.

Mientras pensaba en los gusanos, debo reconocerlo, tenía una cierta aprensión. Pero cuando los trajeron a la mesa y me vi con el plato delante, la aprensión se convirtió en un asco infinito. No solo eran gusanos, es que eran orugas. Ahora imagina que coges una oruga y te la pones en la mano. La presionas levemente con un dedo… ¿y qué sientes? Pues que está blandito, ¿verdad? Hummm… blandito y líquido. Brrrrrr…

Pues eso es lo que me pasaba por la cabeza cuando veía el plato a 20 centímetros de mi. Eso y levantarme y salir corriendo hasta llegar a casa (no hasta Insurgentes, sino hasta Vic). Pero… aquí hemos venido a jugar, como dirían en el programa de Chicho Ibañez Serrador. Así que me armé de valor, me metí una primera tanda de gusanos en la boca y… mastiqué.

Oye, pues estaban buenos. De líquido nada, porque al freirlos quedan crujientes y no parece que estés triturando una oruga. Ofrecí a mis compañeros pero declinaron la invitación, así que tuve que emplearme a fondo y puedo asegurar que no dejé ni uno en el plato.

Terminados los gusanos, me metí entre pecho y espalda un ate con queso, que es pasta Won Ton con pasta de membrillo y helado de queso azul. Menudo postre más bueno, estaba delicioso.

Recomiendo los gusanos. En serio. Si no los has comido, hazme caso; si los has comido, ya tu sabes 😉

Fotos:

México DF | Cantina La No. 20 | Gusanos de Maguey
Gusanos de Maguey

México DF | Cantina La No. 20 | Ate con queso
Helado de queso

México DF | Cantina La No. 20 | Tecate
Cerveza Tecate

México DF | Metro Barranca del Muerto
Barranca del Muerto

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Hotel Carlton (Brasilia, Brasil)

Agradecer de nuevo la colaboración desde Brasil de Jordi Serrano (@jserranom)

Hace un par de semanas tuve el honor de ser invitado a Brasilia al 4º Seminário sobre Informação na Internet. La base de operaciones para los ponentes (panelistas dicen allí) y muchos de los asistentes era el Carlton Hotel. Allí coincido con un par de ejemplares de esa Europa pobre (o expoliada según se mire) como Miguel un portugués del norte (que conste) y Enzo, un italiano exiliado en Londres por iniciativa de la Sra. Merkel. Solo faltaba un griego y el “dream team” estaría al completo.

El restaurante del Hotel, estaba lleno de carteles animando a experimentar todos los miércoles de la mejor feijoada de toda Brasilia. Así de pronto, presumir del concepto “mejor” (melhor en brasilero) suena un poco “chulilllo” pero como todos los ágapes los hacíamos en el hotel y la vuelta a casa era el miércoles tarde, estaba claro que íbamos a vivir la experiencia de la “melhor feijoada”.

Curiosamente descubro que lo de miércoles (y sábados) feijoada es como para nosotros lo de jueves paella, total que solo queda esperar unos días a ver.

Mientras llega el momento, vamos disfrutando del restaurante: los desayunos potentes (café da Manhã) aunque sin café expreso, una de las necesidades vitales de Miguel que al final resolvió gracias a mi instinto explorador al descubrir que en el mini-market de una gasolinera cercana tenían cafetera express. Las comidas (almoço) y cenas (jantar) en modo autoservicio como en un hotel de vacaciones: variada pero nada especial como para tirar cohetes excepto en los postres que eran la debilidad de Enzo. Lo mejor, el jantar del primer día que fue en la mesa (supongo que porque era sábado y el hotel estaba casi vacío) y constaba de unos excelentes filetes acompañados de arroz y “farofa” una especie de harina de mandioca y/o maíz.

El seminario va avanzando, Miguel actúa el lunes de los primeros, yo martes a última hora, pero ya estamos “liberados” y podemos afrontar sin reservas eso del “miercoles = feijoada”. No tiene tanta suerte Enzo que actuará justo después de “feijoarse” 😉

A final llegó el dia de la feijoada: carne de cerdo semi-salada, carne de vaca seca, pollo, salchichas ahumadas, frijoles negros, verduras variadas como col, tomate,… naranja, arroz y la farofa.

El comedor es un caos, coincidimos con un evento que se está celebrando en el hotel y está más lleno de lo normal, suerte de la veteranía: ya conocemos que el self funciona de atrás hacia adelante y eso nos permite recuperar posiciones en las colas 😉 Además comemos en mesas separadas: Enzo y Miguel con otro panelista multilingüe y muy sabio que hizo una charla sobre un sistema de análisis automático de patentes (todo un tema, amigos) y que incluso sabe hablar el indonesio y servidor con una amable investigadora cubana con especial curiosidad sobre los temas de #moverelbigote (lo siento amigo lector/lectora, esto es un guiño simpático entre los tres europeos del sur y hasta aquí puedo llegar) 😉

Sobre el manjar: Sin tener ningún referente previo, reconocer que estaba buena quizás el cerdo algo fuerte, pero puede que deba ser así, ¡ah! el contraste ácido de la naranja tiene su punto. Miguel que ya tiene antecedentes en la cata de feijoadas y además recordemos que es del norte de Portugal (zona que compite con Brasil en la feijoada como “plato nacional” y que tiene alguna variante como el tipo y/o color de las judías) afirma que no está mal pero que seguro que hay de mejores en la capital brasileña (palabra de experto, te alabamos Señor)

Lo mejor, el postre: la mousse de maracuya exquisita (aunque tampoco tengo referencias previas, recordar que yo soy muy de menú infantil), los primeros días me resistía a probarla pero seguí los consejos de Miquel y viendo el entusiasmo de Enzo, acabé dando cuenta de ella, conclusión: a probarla aunque sea en otro establecimiento

El servicio correcto, quizás un poco caótico especialmente en la recogida de platos y en la asociación del ticket de la habitación con el recibo que debíamos firmar. Incluso con nota exótica de uno de los camareros (ver foto) con gorra de rejilla en la cabeza, supongo que debe tener un doble rol de pinche de cocina y de camarero.

El precio una incógnita ya que funcionaba por un sistema de vales (ver foto) pero viendo la factura del hotel e incluyendo una bebida no alcohólica (Coca-Cola zero para Miquel y agua con gas para Enzo y un servidor) deduzco que aproximadamente unos 40 reales brasileños (unos 14,52 € al cambio) antes de una colección de tasas locales, nacionales además de las de ser turista que seguro que incrementan el precio definitivo

Me olvidaba de Enzo que actuó con la panza llena de feijoada y postres: triunfó hablando de folksonomias con algunos ejemplos visuales muy interesantes: podéis verle en una foto de aquí abajo.

Fotos:


Brasilia | Hotel Carlton | Comida
Bonitas ollas con los ingredientes de la feijoada (Foto: http://www.carltonhotelbrasilia.com.br)

Brasilia | Hotel Carlton | Mas comida
Bonita perspectiva del self-service (Foto: http://www.carltonhotelbrasilia.com.br)

Brasilia | Hotel Carlton | Congresistas
“Panelistas” disfrutando de la feijoada (de izquierda a derecha: Enzo, el señor que sabe indonesio además de sobre patentes y Miguel)

Brasilia | Hotel Carlton | Feijoada
Una muestra de feijoada

Brasilia | Hotel Carlton | Mousse de maracuyá
La mousse de maracuyá antes de echarle el guante. Recomendable

Brasilia | Hotel Carlton | Postres
Sector postres en dos palabras: im-presionante (Foto: http://www.carltonhotelbrasilia.com.br)

Brasilia | Hotel Carlton | Interior salón
El servicio con gorro de rejilla. En primer plano investigadora cubana

Brasilia | Hotel Carlton | Voucher
Ticket con el que a cambio hay opción a #moverelbigote

Brasilia | Hotel Carlton | Congreso
Enzo “on fire” con sus folksonomias. En primera fila a la izquierda Miquel (desconozco si estaba atento o en plena siesta) 😉


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