El Fogón de Jesusón (Burgos)

Agradecer de nuevo a Rafael Ibáñez esta colaboración. Mil gracias.

Como ya saben los buenos gourmets, en algunas ocasiones podemos encontrar cocinas encomiables en los lugares más insospechados. En los bajos del estadio de El Plantío, hogar del Burgos Club de Fútbol y posiblemente el mejor estadio de la 3ª División futbolística española (en fin…), frente al coso taurino de la ciudad, se encuentra El Fogón de Jesusón. Su fama parecía confirmarse todas las veces que hemos intentado sin éxito comer allí, al no haber reservado mesa con suficiente antelación. Pero es que, si de las apariencias nos fiamos, no cabría esperar encontrarse en los platos lo que al fin hemos podido degustar este verano.

El aspecto de la barra situada a la entrada —que siempre encontramos atestada de parroquianos— no anuncia con exactitud lo que puede degustarse en el diminuto comedor, situado en la planta superior del local, decorado con suma simplicidad, con el aire casero del mantel de cuadros, quedando a la vista la caldera del gas y la salida de humos… Aquella noche hacía un calor inusual y, con cierta falta de previsión, no habían puesto en marcha el aire acondicionado, de modo que tuvimos que conformarnos con el escaso —nulo, diría, para ser más exacto— aire que entraba por la única ventana abierta de par en par. Afortunadamente, la amabilidad del servicio alivió la sensación térmica con un pequeño aperitivo en forma de suave salmorejo cordobés decorado con una B — “de Burgos”, según nos aclaró el camarero— escrita con aceite de perejil.

Con un tinto Rioja Crianza 2008 de la bodega Cune regamos nuestro paladar mientras degustamos los platos solicitados. Como entrante compartimos un hermoso revuelto de mar y monte, con boletus, langostinos y foie (y huevos, claro), acompañado con las ya habituales pequeñas tostadas con pasas. El solomillo de toro de lidia con el que me regalé —relleno de queso de cabra al pimentón, aderezado con salsa de azafrán y envuelto en una fina loncha de panceta (beicon, que dicen los finolis) — no se lo saltaba un gitano, tierno y sabroso como estaba; si acaso, un punto hecho de más en un extremo, pero en todo caso jugoso y delicado. Mi acompañante se decantó por un bacalao en crocanti de almendra con ensalada de lombarda y sorbete de mandarina que, según su opinión —respetable como la que más— no desmerecía en absoluto el rabo de mi plato. Y doy fe de que resultaba muy apetitoso.

Para aligerar la digestión nocturna de tan tremendos platos, nada mejor que unos buenos postres. La cúpula de chocolates –que tal era su denominación en la carta- era una suerte de tremendo bombón de tres chocolates emergiendo de una sopa de chocolate blanco y yogur. El cubo de mandarina con toffe, por su parte, resultó claramente más ligero, aunque su textura gomosa —acaso conseguida a base de jugar con la pectina natural del cítrico, pero muy posiblemente lograda con gelificante en abundancia— provocase una inicial prevención. Cubierto el principal con finas laminillas dulces —manteca de cacao o similar—, la decoración a base de sirope de toffe se completaba con un par de cortes de carambola y una baya de alquequenje o espina del cabo que además aportaban un delicioso contraste agridulce.

Por esta comanda, completada por dos cafés solos con hielo —para refrescar—, nos soplaron 77 eurazos como 77 soles (al cambio, 38,5 € por estómago). Insisto: la apariencia del local puede hacer que el precio sea algo desmesurado, pero los componentes del menú terminan haciéndolo adecuado. Eso sí: a mediodía ofrece un menú del día más económico (15 €). Se abonó con gusto el importe y salimos de El Fogón de Jesusón bien satisfechos a disfrutar de la noche mientras paseamos por la ribera del río (fondo musical apropiado para un discreto y cinematográfico fundido en negro).

En definitiva: un reducido local un tanto destartalado que inesperadamente sorprende con una magnífica cocina de autor (vieiras a la plancha con vinagreta de trufas, carrillera confitada a baja temperatura, taco de bacalao con callitos de lechazo, lomo de buey con sorbete de queso de Idiazábal…) -para nada minimalista, dicho sea de paso-, aunque en algunas referencias se menciona como comida casera. Y durante el curso ofrece de manera permanente cocina japonesa dos veces por semana: caja de bento los miércoles (para consumir en el propio restaurante) y menú los jueves. Eso sí: os recuerdo que conviene reservar.

Fotos:

Burgos | El Fogón de Jesusón | Salmorejo
Chupitos de salmorejo cordobés

Burgos | El Fogón de Jesusón | Vino
Cuneste vino cenamos

Burgos | El Fogón de Jesusón | Revuelto
Revuelto de mar y monte

Burgos | El Fogón de Jesusón | Bacalao
Crocanti de bacalao con su ensalada

Burgos | El Fogón de Jesusón | Solomillo
Solomillo de toro de lidia

Burgos | El Fogón de Jesusón | Cúpula de chocolates
Cúpula de chocolates

Burgos | El Fogón de Jesusón | Cubo de mandarina con toffe
Cubo de mandarina con toffe

Burgos | El Fogón de Jesusón | Hielo
Hielo para los cafés

Burgos | El Fogón de Jesusón | Comedor
Vista casi completa del comedor

Burgos | El Fogón de Jesusón | Escalera
Toque decorativo sobre la escalera

Burgos | El Fogón de Jesusón | Ticket
La cuenta, para el que lo cuenta

Puntuaciones
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