El Jardín del Etna (Burgos)

Nuestro colaborador oficial burgalés, Rafael Ibáñez, nos obsequia con una crónica vegetariana. Gracias con clorofila, Rafael 🙂

Comenzaba mi anterior colaboración en esta bitácora (Richis) diciendo que no hago ascos a un buen pescado, pero soy esencialmente carnívoro. Y, aunque no falté a la verdad, debería haberme expresado con más precisión, porque en realidad me como todo lo que se me eche. Y la prueba está en que pocos días después degusté un menú vegetariano en uno de los tres restaurantes de esta especialidad que conozco en Burgos (al menos, debe haber cuatro). Mientras uno de ellos (el más antiguo) tiene un ambiente entre rústico e indignado y otro intenta jugar la baza de la exclusividad más chic, El Jardín del Etna mantiene un tono medio, agradable para cualquier comensal (sea cual sea su edad y condición) que esté dispuesto a disfrutar de una cocina tan peculiar.

Tras el bucólico nombre de este restaurante (que a modo de atrio tiene una pequeña tienda donde pueden adquirirse diferentes productos especializados o de cultivo ecológico) se encuentran dos mujeres que se reparten las responsabilidades de cocina y sala con una pulcra amabilidad muy de agradecer. Situado en la ribera izquierda del Arlanzón, entre la iglesia de La Merced (cuyo ábside ha sido recientemente liberado de las adherencias urbanísticas que soportaba) y el IES Cardenal López de Mendoza, su variada oferta variada es, sin embargo, muy sencilla a la par que atractiva. Ese día, la carta estaba compuesta así:

  • Entrantes
    • Verduritas marinadas
    • Tostas de paté vegetal
    • Crema de calabaza
    • Primeros
    • Paella tierra y mar con queso de cabra
    • Lasaña vegetal
    • Guiso de lenteja Dupuy, con espinacas, setas y pimiento verde
  • Segundos
    • Tarta de arroz con tomate natural y queso de cabra
    • Hojaldre de salteado vegano
    • Salteado de mijo con virutas de la huerta en salsa al pesto
  • Postres
    • Infusión
    • Celosía rústica de arándanos
    • Mousse de limón
    • Bizcocho de chocolate con frutos secos
    • Batido de fresa con leche vegetal

Sobre esta carta (que se renueva cada día, según parece) puedes elegir dos tipos de menú: el simple (dos platos y postre) a 13,50 euros y el completo, compuesto con un plato más por apenas 15 euros.

Como se puede suponer, optamos por dos menús completos regados por sendas cervezas rubias de trigo ecológico. Mi acompañante dio cuenta de un par de tostas de paté vegetal, mientras que yo lo hice de un plato de verduritas marinadas que, ciertamente, no estaban nada mal: tiernas y sabrosas.

El guiso de lentejas no tenía nada que envidiar a las famosas de nuestra madre o abuela; quiero decir que no se echaba de menos el arreglo cárnico tradicional, en esta ocasión reemplazado por unas setas ricas en proteínas. Pero la lasaña, además de espectacular, resultó exquisita. Otro tanto se puede decir del mijo salteado (cereal apto para los celíacos, aunque no éste no sea el caso), que nunca se me habría ocurrido probar al pesto, una combinación bastante resultona. La tarta de arroz, por su parte, era mucho más ligera de lo que cabe esperar y, por lo tanto, un complemento ideal para los platos precedentes.

Y si todo esto fuera poco (está claro que somos de buen comer), de postre nos metimos entre pecho y espalda una celosía rústica de arándanos, suave y sabrosa, y una ración de bizcocho de chocolate con frutos secos, tan exquisito como un brownie y desde luego más digerible.

Como la bebida no está incluida en el importe de los menús, por todo cuanto trasegamos nos cobraron 38,20 euros (a 19,10 por cabeza), que tuvimos que pagar a tocateja porque ahora ya no aceptan tarjetas. No sé si trata de una decisión comercial (para no cargar sobre los precios la comisión bancaria) o se justifica por algún principio vindicativo, pero he de confesar que fue un detalle que me sorprendió, y por eso lo indico, pues tengo la esperanza de que cuando nuestros amigos visiten Burgos tengan a bien recalar en El Jardín del Etna si desean comer algo diferente y apetitoso en un local de ambiente tranquilo y cálido. Como nos suele ocurrir, pese a tratarse de cocina vegetariana, acabamos más que satisfechos.

Restaurantes como éste demuestran que el vegetarianismo no se limita a la simple ensalada o a la vulgar imitación a base de tofu y que se puede hacer proselitismo de diferentes formas (este restaurante cuenta con una bitácora, aunque un poco desatendida, y presencia en las principales redes sociales), incluido el negocio, sin por ello dejar de lado la amabilidad en el trato al cliente. Aunque a mí nunca me harán renunciar a una buena carne…

Fotos:

Burgos | El Jardín de Etna | Es... birra
Es… birra

Burgos | El Jardín de Etna | Verduritas marinadas
Verduritas marinadas

Burgos | El Jardín de Etna | Paté vegetal (no es oca, pero tampoco cerdo)
Paté vegetal (no es oca, ni cerdo)

Burgos | El Jardín de Etna | Una señora lasaña
Una señora lasaña

Burgos | El Jardín de Etna | Guiso de lentejas
Guiso de lentejas (no quedó ni una)

Burgos | El Jardín de Etna | Tarta de arroz
Tarta de arroz

Burgos | El Jardín de Etna | Salteado de mijo
Salteado de mijo

Burgos | El Jardín de Etna | Bizcocho de chocolate con frutos secos
Bizcocho de chocolate con frutos secos

Burgos | El Jardín de Etna | Celosía rústica de arándanos
Celosía rústica de arándanos

Burgos | El Jardín de Etna | La cuenta
La cuenta

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