Restaurante Los Braseros del Hotel Centro (Burgos)

Rafael Ibañez nos advierte del peligro de las cenas navideñas de empresa. 1000 gracias por la colaboración

Con la llegada de las fiestas navideñas, todos los años se repiten los mismos ritos sociales, y no es el menor de ellos la consabida comida o cena de empresa, oportunidad en la que jefes y empleados son poseídos por el espíritu de la Navidad, deshaciéndose en parabienes y felicitaciones mientras que la sombra de Ebenezer Scrooge se desvanece con los efluvios propios de este tipo de confraternización. El caso es que desde hace ya muchos años los compañeros del trabajo nos reunimos a cenar en una noche de diciembre para desearnos lo que es habitual en estos casos mientras compartimos mesa y mantel. Cada año se elige un establecimiento diferente, de manera que nuestra experiencia en este tipo de reuniones resulta a estas alturas de lo más variada. En esta ocasión optamos por el restaurante Los Braseros del Hotel Centro. En realidad, no es sino el salón-comedor de un hospedaje medio —tres estrellas— situado a escasos minutos a pie de la estatua ecuestre del Cid y a algunos más de la Catedral. Aunque es evidente que pertenece a los mismos propietarios, no debe confundirse ni con el Restaurante Los Braseros situado en la carretera de Logroño ni con el Hotel Los Braseros Burgos, localizado en un punto de la ciudad distante del céntrico lugar en que cenamos.

Podría decirse que aquella fue la primera noche verdaderamente invernal de la temporada. Camino del restaurante hubo incluso que encarar una densa humedad que se aventuraba a anunciar nieve cercana, aunque finalmente todo quedó en una simple amenaza. A medida que se acercaba la hora de la cita nos fuimos congregando en la cafetería del hotel hasta que, poco después de pasadas las diez de la noche, fuimos llamados a ocupar nuestro lugar en el salón. En el comedor se encontraban dispuestas al menos tres largas mesas corridas, aunque nosotros solamente ocupamos la mayor y central, mientras el resto estaban destinadas a otros grupos reunidos con idénticas intenciones. Amablemente, a medida que pasábamos al salón, nos recogían las prendas de abrigo para colgarlas en el oportuno armario carente sin embargo de la capacidad suficiente para albergar tanta prenda, sin duda porque los comensales habituales están alojados en el hotel y, en consecuencia, no suelen hacer uso de este servicio.

Acomodados al fin los veintiséis integrantes del grupo, nos dispusimos a dar cuenta del menú encargado con la ayuda de unas botellas de agua mineral Fuensanta y vino tinto D.O. Rioja Loriñón —elaborado en su totalidad con uva tempranillo— Crianza 2008, una añada no particularmente excepcional. Algunos prefirieron inclinarse por el vino blanco D.O. Rueda Finca Real —uvas verdejo y viura— 2010, botellas que hubo que reclamar para que las sirvieran. La ensalada que abría la minuta no era nada del otro mundo: combinado fresco de insulsas lechugas e insípida oruga (o sea, rúcula), unos tomates sosos hasta decir basta y unas pizcas de jamón, con las inevitables gotas del ya monótono balsámico de Módena, todo ello recubierto con abundantes virutas de paté que salvaban la mediocridad del conjunto. Los entrantes calientes, sin embargo, no alcanzaron el listón: una vieira al horno por cabeza (besamel cruda con aroma de molusco), crujiente de puerro rodeado por una loncha de jamón que resultaba excesivamente salado (más besamel, aunque en esta ocasión sin aroma de molusco, pero tampoco de puerro) y unas gambitas a la plancha (sabrosas, sí, por efecto de la sal), todo ello servido con el ritmo habitual en este tipo de salones, de manera que los platos estaban continuamente desangelados. El caso es que, pese a la amable insistencia de los camareros, no vi a nadie que repitiera. Después de una copa con sorbete de mango (que hubo que tomar con cucharilla de lo helado que estaba) llegó el momento de los platos fuertes. Quien tomó lechazo (con su correspondiente anilla de Identificación Geográfica Protegida y unas escasas patatas al estilo panadera) expresó su satisfacción por el asado (no así por la cantidad), igual que los que optaron por los rollitos de merluza rellenos, dos unidades recubiertas por una besamel (otra vez) muy ligera. Personalmente me incliné por la ventresca de bonito con escalivada que —pese a las reservas con que lo encaré— me resultó bastante agradable, aunque estaba demasiado hecho para mi gusto. En cambio el postre (un montón de nata emparedado entre dos porciones de hojaldre algo reblandecido, con una delgada capa de crema por encima) cayó de nuevo al nivel de la insuficiencia, aunque acorde con la categoría de los licores (por llamarlos de alguna forma) que acompañaron el café.

Y todo esto por el navideño precio de 910 reales de vellón (o sea, al cambio 35 € por cabeza), pagados como siempre a tocateja de nuestro bolsillo por cada uno de los asistentes (de lo que dejo constancia expresa para que nadie se llame a engaño). Supongo que en el resultado final influyó… lo que suele influir en estos acontecimientos navideños masivos; o sea, que tampoco nos vamos a poner exquisitamente exigentes. Pero, si de mí depende, tendrán que esperar para verme aparecer de nuevo por alguno de estos establecimientos encadenados. Afortunadamente, en estas ocasiones solemos disfrutar de estas horas de asueto en compañía, que para algunos esa noche se prolongaron hasta al menos las cinco de la madrugada. Pero eso es otra historia que aquí no tiene cabida.

Fotos:


Burgos | Los Braseros | Vino y agua
D. Tinto Loriñón y Sra.

Burgos | Los Braseros | Vino blanco
El tercero en discordia

Burgos | Los Braseros | Ensalada
La ensalada

Burgos | Los Braseros | Vieira
Lo llaman vieira

Burgos | Los Braseros | Crujiente y gambas
Crujiente y gambas

Burgos | Los Braseros | Sorbete
El sorbete (helado)

Burgos | Los Braseros | Bonito
Bonito sí que es

Burgos | Los Braseros | Merluza
Rollitos de merluza

Burgos | Los Braseros | Lechazo
Lechazo de Castilla con tres rodajas de patata

Burgos | Los Braseros | Postre
Emparedado de nata

Burgos | Los Braseros | Café
Servicio de café e infusión

Burgos | Los Braseros | Ticket
La inevitable nota (se pagó, que conste)

Puntuaciones
Calidadwww.dyerware.comwww.dyerware.comwww.dyerware.comwww.dyerware.comwww.dyerware.com
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Preciowww.dyerware.comwww.dyerware.comwww.dyerware.comwww.dyerware.comwww.dyerware.com
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3 comentarios para “Restaurante Los Braseros del Hotel Centro (Burgos)”

  • Mover el Bigote:

    Bueno, a veces en esos asuetos alguien acabo comiéndose algo.

    Dicho lo anterior, muchas gracias por tu crónica y el esfuerzo. Desde luego, a quien le guste acompañar los platos con patatas que se busque otro lugar. Ánimo que en nada llega la cena del año que viene y podéis resarciros.

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  • Rafael Ibáñez:

    A ver, si lo que es comer, comimos. Y, como siempre, lo pasamos en grande. Pero, vamos: medianejo, irregular... Como suelen ser estas cenas de empresa por motivos navideños, ¿no?

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  • Sólo añadir que la merluza no era tal, sino rollitos de lenguado rellenos de txangurro,para mi buenísimos y muy recomendables

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