Entradas con la etiqueta ‘20 a 29.99€’

Restaurante El Chalet (Zaragoza)

Hoy hablaremos del Restaurante El Chalet de Zaragoza. Ya sabéis que nuestro blog se especializa en media, baja y muy baja gastronomía, pero en este caso nos vamos, sin lugar a dudas, a uno de los mejores restaurantes de la ciudad. No es que nos haya tocado la lotería, ni que nos hayamos vuelto locos. Simplemente tenemos ese compromiso para con nuestros lectores y decidimos hacer un esfuerzo. Ya sabéis, aquí no se para.

Vimos en prensa una convocatoria de varios restaurantes con precios asequibles y para allá que fuimos. El Chalet siempre ha estado en nuestro punto de mira y ésta era la ocasión. Sin duda fue todo un acierto, ocho tapas de nivel por 25€.

En cuanto a la comida, el salmorejo no me dijo nada. El ravioli de centollo, el bonito, el bacalao y el rissoto de ternasco estaban de vicio, para chuparse los dedos. El paté con conejo y la hamburguesa muy buenos y el postre (manzana caramelizada) cojonudo -con perdón-. Pudiera parecer en las fotos que las tapas son pequeñas en cuanto a la cantidad, sin embargo comimos bien, te quedas saciado. Os pongo las ocho tapas de forma detallada:

  • Salmorejo cordobés con jamón ibérico
  • Ravioli de centollo y marisco, pasta fresca y crema de cigalas
  • Paté cremoso de patata asada y conejo en escabeche, puerro y hongos
  • Bonito marinado con verduras al Wok y emulsión de soja
  • Texturas de berenjena y bacalao, pil-pil de calabaza y almendras
  • Rissotto de ternasco y chilindrón de verduras
  • Hamburguesa de rabo de buey, sin hueso al vino tinto
  • Lasaña de manzana caramelizada y gel de sidra

Queda recomendado. Una forma diferente de comer por un precio razonable.

Fotos:


Zaragoza | El Chalet | Menú Tapas 2012
El Chalet

Zaragoza | El Chalet | Exterior
Vista desde lejos

Zaragoza | El Chalet | Entrada
Entrada

Zaragoza | El Chalet | Salmorejo cordobés con jamón ibérico
Salmorejo cordobés con jamón ibérico

Zaragoza | El Chalet | Rabo de buey al vino tinto
Rabo de buey al vino tinto

Zaragoza | El Chalet | Rabo de buey al vino tinto
Mas rabo (conperdón)

Zaragoza | El Chalet | Rissotto de ternasco y chilindrón de verduras
Rissotto de ternasco y chilindrón de verduras

Zaragoza | El Chalet | Berenjena con bacalao y almendras
Berenjena con bacalao y almendras

Zaragoza | El Chalet | Bonito marinado con verduras al wok y emulsión de soja
Bonito marinado con verduras al wok y emulsión de soja

Zaragoza | El Chalet | Paté cremoso de patata y conejo en escabeche, puerro y hongos
Paté cremoso de patata y conejo en escabeche, puerro y hongos

Zaragoza | El Chalet | Ravioli de centollo y marisco, pasta fresca y crema de cigalas
Ravioli de centollo y marisco, pasta fresca y crema de cigalas

Zaragoza | El Chalet | Lasaña de manzana caramelizada y sorbete de sidra
Lasaña de manzana caramelizada y sorbete de sidra

Zaragoza | El Chalet | Interior
Sala interior

Zaragoza | El Chalet | Interior
Otra sala

Zaragoza | El Chalet | Menú Tapas 2012
Menú Tapas 2012

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Taj Mahal (Gijón)

Agradecer de nuevo a Rafael Ibáñez su colaboración del Taj Mahal de Gijón

Viajar te da la oportunidad de visitar otros lugares, conocer nuevas gentes, experimentar nuevas culturas y —sobre todo— probar gastronomías más o menos exóticas. ¿Cómo íbamos a perder la oportunidad de visitar el Taj Mahal este verano? Anunciado en su carta como “templo del amor” —a la prueba fotográfica me remito—, es un pequeño restaurante de cocina india situado en primera línea de la playa de San Lorenzo, en Gijón (¿qué queréis?, el presupuesto no da para llegarse hasta Agra). Evidentemente, tiene más un aire kitsch que una estética verdaderamente tradicional, algo a lo que por otro lado nos hemos acostumbrado cuando vamos a comer platos cantoneses a un restaurante pretendidamente chino. Afortunadamente, la amabilidad de quien suponemos es el dueño del establecimiento hace inmediatamente olvidar cualquier reparo.

Como no somos en absoluto expertos en este tipo de cocina —mientras estuvimos allí llegó una especie de hippy con aspecto “perroflautero” que pidió su comanda manejando la carta con sorprendente soltura, lo que nos llevó a pensar que algún negocio se traía en India—, nos inclinamos por solicitar el menú degustación número 3 (para dos personas), que tenía como entrante un plato de verdura rebozada, incluidas un par de crujientes empanadillas vegetales. Antes nos sirvieron un enorme papadom, crujiente oblea de harina de legumbre con tres salsas diferentes (no me preguntéis de qué eran, porque no tengo ni idea), un aperitivo tan simple como sabroso. El plato de Lahore balti (mezcla de cordero, pollo, gambas y espinacas) estaba realmente bueno, aunque todo parece indicar que se trata más bien de una creación gastronómica surgida en la británica Birmingham. Sin embargo, lo que más nos gustó fue el pollo tikka passanda, supuestamente preparado en el tradicional tandoori (horno de arcilla) y bañado en una exquisita salsa (curry suave y vino blanco entre sus ingredientes) de la que no dejamos ni muestra a base de untar nan (pan igualmente horneado en un tandoori). Ambos platos vinieron, en realidad, servidos en sendos cuencos de metal con una pequeña vela a modo de sencilla founde. Como acompañamiento común, nos sirvieron una buena ración de arroz basmati y para beber tres tercios (dos de ellos incluidos en el menú) de cerveza Cobra, una rubia muy suave elaborada a base de malta de cebada, lúpulo, levadura y una mezcla tradicional de ingredientes (maíz y arroz incluidos), envasada en el Reino Unido principalmente para la exportación (de ahí que resulte muy fácil encontrarla en los supermercados españoles).
Antes de los cafés con los que pusimos fin a nuestra comida, dimos cuenta de los postres. El haiwa (pastel de sémola con azafrán, coco y semillas de cardamomo) resultó sorprendente, mientras que el kulfi (helado de almendras y pistachos) parecía una versión más ligera y dulce de los helados de turrón de nuestro Levante (una prueba gastronómica más de la influencia oriental que nos transmitieron los árabes).

Aunque da toda la impresión de que la carta no es todo lo auténtica que se espera de un restaurante indio, como en realidad ocurre en la gran mayoría de los restaurantes orientales que podemos encontrar en nuestro solar, lo cierto es que probar estas delicias por 42,90 € (21,45 € por comensal) mientras contemplas el Cantábrico es un verdadero placer.

Fotos:


Gijón | Taj Mahal | Carta
Tentación apacible

Gijón | Taj Mahal | Papadom
Papadom con sus salsas, vigiladas por la Cobra

Gijón | Taj Mahal | Verduras rebozadas
Degustación de verduras rebozadas

Gijón | Taj Mahal | Lahore balti
Lahore balti

Gijón | Taj Mahal | Pollo tikka passanda
Pollo tikka passanda

Gijón | Taj Mahal | Arroz basmati y nan
Arroz basmati y Nan

Gijón | Taj Mahal | Haiwa
Haiwa

Gijón | Taj Mahal | Kulfi
Kulfi

Gijón | Taj Mahal | Ticket
Tique artesanal

Gijón | Taj Mahal | Fachada
Fachada castigada


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Hotel Fidalgo (Calamocha, Teruel)

No sé si conocéis Calamocha. Calamocha es un pueblo de unos 5000 habitantes de la provincia de Teruel. Se le conoce a nivel internacional por:

Pero esto no es un blog de turismo. A lo que vamos, que me pierdo y aquí se habla de comidas.

Este verano estábamos en Ojos Negros (Teruel) y decidimos bajar a comer al Restaurante del Hotel Fidalgo porque habíamos visto en TV un reportaje y hacían unas tapas de chupa pan y moja. Reservamos con antelación pues ese día empezaban las fiestas patronales y no queríamos quedarnos sin mesa. En principio íbamos con la idea de las tapas en la cabeza, pero al final nos decidimos por un menú de 20€ que no tenía mala pinta.

Pedimos: Melón con jamón, Patatas con carpaccio de bacalao, Ensalada de confit y Revuelto de setas. De segundo también elegimos todos los platos: Merluza, Bacalao, Carrilladas y Codillo. Y de postres, unos tarta, sandía… (podéis ver fotos)

Dignos de mención la ensalada de confit y las patatas con carpaccio de bacalao. Y los segundos, muy buenos todos. Sencillos pero con un toque diferente y muy sabrosos. Ciertamente no estábamos acostumbrados a este nivel en Calamocha.

Todo ello por 20€ por barba y sin sorpresas. Pedimos dos bebidas cada uno e incluso Vicente pidió un plato extra de patatas para poder adaptar la comida a su dieta Dukan, y no nos subieron el precio que constaba en el menú. Queda recomendado. Repetiremos el verano que viene, de eso no hay duda.

Fotos:


Calamocha (Teruel) | Hotel Fidalgo | Carta
Menú

Calamocha (Teruel) | Hotel Fidalgo | Interior
Interior

Calamocha (Teruel) | Hotel Fidalgo | Grupo
Tremendas las caras de la peña

Calamocha (Teruel) | Hotel Fidalgo | Melón con jamón
Melón con jamón (toma cenital)

Calamocha (Teruel) | Hotel Fidalgo | Melón con jamón
Melón con jamón (toma no cenital)

Calamocha (Teruel) | Hotel Fidalgo | Ensalada
Ensalada de cofit y abanico de jamón de pato y virutas de foie

Calamocha (Teruel) | Hotel Fidalgo | Revuelto de setas
Revuelto de setas

Calamocha (Teruel) | Hotel Fidalgo | Patatas con carpaccio
Patatas con carpaccio de bacalao

Calamocha (Teruel) | Hotel Fidalgo | Merluza
Merluza

Calamocha (Teruel) | Hotel Fidalgo | Carne
Carnaca

Calamocha (Teruel) | Hotel Fidalgo | Bacalao
Bacalao

Calamocha (Teruel) | Hotel Fidalgo | Codillo
Codillo

Calamocha (Teruel) | Hotel Fidalgo | Tarta al whiski
Tarta al whisky

Calamocha (Teruel) | Hotel Fidalgo | Tarta de queso con arándanos
Tarta de queso con arándanos

Calamocha (Teruel) | Hotel Fidalgo | Factura
Ticket

Calamocha (Teruel) | Hotel Fidalgo | Exterior
Exterior

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Sidrería Plaza Mayor (Gijón)

Agradecer la colaboración de Rafael Ibáñez de Sidrería Plaza Mayor (Gijón)

De un tiempo a esta parte, uno de los ritos que he de cumplir durante el estío es pasar unos días —siquiera un breve fin de semana— en Asturias, utilizando como base la ciudad de Gijón. Así resulta bastante fácil reponer fuerzas al caer la noche en la terraza de alguna de las sidrerías del caso viejo, gozando de buena sidra, buenos platos y el alegre trasiego de jóvenes (y otros que no lo son tanto) trasladándose de local en local, camino del botellón en el Parque del Cerro de Santa Catalina o celebrando alguna vistosa despedida de soltero/a. (Aún no he averiguado cómo es posible que ellas no acaben rodando hacia el mar con esos impresionantes taconazos después de haber dado cuenta de varias botellas de sidra. Será una habilidad adquirida desde la cuna, o los genes…).

El caso es que, aunque al cabo de los años solemos terminar recalando preferentemente en un par de ellas, en esta ocasión sólo me referiré a la sidrería Plaza Mayor. Pese a su nombre, está ubicada en una estrecha travesía que sube desde la Plaza del Marqués a la Plazoleta de Jovellanos. No es de esos establecimientos más o menos volcados hacia el turista, como otros muchos de la zona; antes al contrario, tiene el verdadero regusto de lo antañón y lo local, un tanto cantinero. No suele ser fácil encontrar mesa libre, aunque la estrechez de la callejuela impide que se formen grupos de espera, de modo que si tienes la fortuna de que alguien se levante cuando tú llegas, lo tienes hecho. Eso es lo que nos ocurrió, así que nos encontramos delante de la carta a una hora relativamente temprana. El paté de cabracho estaba suave y sabroso y nos lo ventilamos en un pispás a base de picatostes. El pan acompañó, junto con abundantes patatas bien fritas, el picadillo aderezado con ese manjar culinario de la tierra que es el queso de Cabrales, un contraste de sabores tan sorprendente como agradable. Pero si algo estaba sublime eran los chipirones a la plancha. De tan tiernos que estaban, se agradecía que no les hubiesen quitado la pluma. Así que tomaba uno por un extremo, me lo llevaba a la boca y extraía con cuidado esa especie de espina córnea que les proporciona consistencia, lo que me permitía gozar plenamente de su sabor y su textura, sencillos y sublimes a la vez.

Cada uno de estos platos hubo que regarlos con su correspondiente botella de sidra, convenientemente escanciada para romper el chorro contra el borde del vaso y bebida a pequeños sorbos, de tamaño justo para inundar la boca. De postre nos decantamos por raciones de un par de especialidades locales: charlota (tarta de bizcocho y nata con cobertura de chocolate) y gijonesa (tarta de bizcocho, turrón de Jijona y nata recubierta con yema tostada). A pesar de todo, en ningún caso resultaron excesivas, y si la primera estaba buena, la segunda estaba exquisita. Uno de los dos, además, acompañó el dulce con un café.

Por todo esto nos cobraron 50,10 €, lo que el cambio supone 25,05 € por cabeza. Quizá pueda parecer un precio un poco alto para un chigre como éste, pero lo cierto es que el servicio es resulta informal pero sumamente atento —el que parecía el dueño tuvo algún detalle de cierta familiaridad, para nada incómodo— y de su cocina salen platos bien ricos. Si gustas de los productos del mar (parrochas, bocartes, oricios, pixín…), las carnes (entrecot, chorizos, lacón…) o de otras delicias (fabada, callos, pimientos con anchoas, quesos…) y no te importa comer al aire libre sentado en una silla de tijera de madera en una animada callejuela, la sidrería Plaza Mayor es una parada obligatoria en el anochecer gijonés.

Fotos:


Gijón | Plaza Mayor | Terraza
Terraza y chaflán

Gijón | Plaza Mayor | Paté cabracho
Cabracho sublimado en forma de paté

Gijón | Plaza Mayor | Chipirones plancha
Chipirones a la plancha (algo borrosa por culpa del flash, no de la sidra)

Gijón | Plaza Mayor | Picadillo Cabrales
Picadillo al cabrales con patatas

Gijón | Plaza Mayor | Sidra
Testimonio de la sidra que trasegamos

Gijón | Plaza Mayor | Tarta Gijonesa
Tarta Charlota

Gijón | Plaza Mayor | Tarta Charlota
Tarta Gijonesa

Gijón | Plaza Mayor | Cuenta
Agradecimiento por la visita en forma de tique

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Hotel Goya (Zaragoza)

Agradecer a Chus Gimeno la colaboración del Restaurante del Hotel Goya de Zaragoza. Gracias Chus.

Soy poco amiga de las comidas y cenas en hoteles, he de confesarlo. Manías de persona que se acerca ‘peligrosamente’ a la antaño llamada ‘edad dorada’, porque ahora, a golpe de decretazo, se está transformando en la ‘edad de piedra’ (tiempos duros los que vivimos… y más los que se aproximan). Pero en este caso, la excepción a mi norma es obligada: una gran amiga se retira del Magisterio y los compañeros le organizan el jubileo en uno de los restaurantes del Hotel Goya, situado en una calle peatonal a pocos metros de la Plaza de España en Zaragoza.

El comedor, oculto en el semisotano del edificio, está montado con una sola mesa para 36 personas. El espacio resulta acogedor e íntimo, y cuenta con unos biombos que nos separan de otro salón vacío, donde continuará el festejo hasta que los cuerpos (jubilados y no jubilados) aguanten. La cena es servida por dos jóvenes camareros, bajo la atenta mirada del encargado, que resultan ser rápidos y eficaces. Quienes hayan participado en celebraciones multitudinarias, ya sean bodas, bautizos, comuniones o jubilaciones, sabrán que los menús son cerrados, con opciones de carne o pescado en el segundo plato y pare usted de contar.

Aquí va el menú
Aperitivo: Sorpresa del chef. Una pata de cangrejo sumergida en una salsa de queso o algo así. Para mí que la pata era de palo, no sé…
Entrante: Vol au vent de pulpo, ahumados y gambas con salsa de cava. Este plato sí fue una sorpresa. Estaba riquísimo, bien repleto de relleno y muy bien presentado.
Plato principal:
-Lomo de merluza del Cantábrico al estilo donostiarra con gambas y almejas. Quienes lo eligieron comentaron que estaba excelente. El tamaño de la pieza era considerable y se podía repetir. Sólo un ‘pero’: ¿lleváis contados el número de platos que llevaban gambas? Como para tenerles manía, vaya.
-Medallones de solomillo ibérico en salsa de foie con variedad de setas y patatas paja. Exquisito, en su punto. Las patatas no consiguieron huir a tiempo de la freidora, eso sí.
Postre: Pastel Sacher con confitura de naranja amarga y helado de vainilla. Para hacerle la ola. La presentación, muy ‘coquetona’. Hubiera hecho las delicias de los anfitriones de este blog, @moverelbigote forever!!!

No haré comentarios sobre el vino. No estaban nada mal, pero estaba muy ocupada comiendo, charrando y riendo como para fijarme en la bodega, la cosecha y demás. Puedo decir que había un tinto y un blanco, lo habitual. Con el postre, brindis con cava, seguido por cafés e infusiones varias, licores a cascoporro… No puedo asegurar el precio, porque se abonó la cena y la aportación para los regalos en un bloque, pero calculo que rondaría los 25-30 €.

En resumen, recomendable, aunque es preferible que el chef no de sorpresas y se ciña a lo solicitado… y llevar GPS, porque el acceso al comedor resulta un paseo por un laberinto (no como el de El resplandor, pero casi). Ni os cuento lo que cuesta encontrar los servicios después de trajelar varias copas de vino, alguna de champán y catar licores.

Fotos:


Zaragoza | Hotel Goya | Mesa dispuesta
Mesa dispuesta

Zaragoza | Hotel Goya | Vol au vent de muchas cosas
Vol au vent de muchas cosas

Zaragoza | Hotel Goya | Sorpresa del chef
Sorpresa del chef

Zaragoza | Hotel Goya | Medallones de solomillo
Medallones de solomillo

Zaragoza | Hotel Goya | Lomo de merluza donostiarra
Lomo de merluza donostierra

Zaragoza | Hotel Goya | Pastel Sacher
Pastel Sacher

Zaragoza | Hotel Goya | Brindis con apagón
Brindis con apagón

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