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La Abbadía (Burgos)

[Agradecemos esta crónica a Rafael Ibáñez, nuestro bello y fiel colaborador burgalés]

Para celebrar el pasado Día de la Madre, decidimos subir al Hotel AbbaBurgos, instalado en parte de lo que fuera el antiguo Seminario Mayor, en la ladera del castillo burgalés. Se trataba de comer fuera de casa, como mandan los cánones para estas ocasiones, así que la noche anterior hice la oportuna reserva telefónica de una mesa para dos en el restaurante La Abbadía, al que se accede desde el lobby del hotel. Hacía tiempo que deseábamos probar la cocina de Antonio Arrabal —finalista en la primera edición del programa de televisión Top Chef— y la oportunidad estaba a mano. Como suele ocurrir en los casos en que te pretendes esmerar, hubo un fallo de coordinación en el restaurante y resultó que la reserva no estaba anotada. Pero la diligencia y amabilidad del personal puso pronta solución al percance, así que enseguida nos dispusimos a saborear el menú degustación elaborado para fecha tan señalada. Ofrecían dos versiones: una básica y otra algo más amplia. Obviamente, nuestro saque nos impelió a decantarnos por el menú más extenso.

Lo que primero nos trajeron, después de servirnos las primeras copas de un verdejo Viña del Sopié 2013 —D.O. Rueda, que entraba que era un primor—, fue carpaccio de pez mantequilla con soja, chile y curry rojo. La verdad es que no se me ocurrió preguntar si el pescado en cuestión era auténtico pez mantequilla japonés, bacalao negro, alguna variedad de escolar, palometa común o el todavía más común fletán, que al parecer cualquiera de estos pescados nos pueden colocar so capa del curioso nombre. Pero en aquel momento no me preocupó el asunto —ni ahora tampoco, la verdad—, que bastante tuve con disfrutar de tan curioso y delicado plato.

A continuación degustamos un falso tomate de cecina de León con carpaccio de hongos, queso y pesto, tan sabroso como refinado, y un milhojas de membrillo con foie, queso y patata, que estaba delicioso. Aunque el verdadero espectáculo llegó después. Dentro de una caja de metacrilato, decorada con una corteza de árbol y un canto, había una lata de bacalao vacía, sobre la que el camarero proyectó el ahora inevitable nitrógeno. Inmediatamente a continuación cubrió el recipiente transparente con una tapa perforada por la que emanaba la blanquecina niebla que por unos momentos ocultó la creación más famosa —por televisiva, pues la elaboró en la final del concurso— de Antonio Arrabal: el árbol de Burgos, elaborado con ingredientes de la tierra. El tronco está hecho con patata cocida rellena de morcilla de verduras sobre una base de compota de manzana reineta del Valle de Las Caderechas; en lo alto, un nido a base de hilos de kadaif con brotes tiernos sobre los que descansan unos huevos de yogur compactados con alginata (fibra extraída de unas algas pardas, dicen que reduce la ingestión de grasas, aunque no sé yo si compensó cuanto comimos en esta ocasión). El diseño y la presentación animaron la curiosidad de todos los comensales, especialmente de los niños de la mesa próxima. Pero he de confesar que la expectación se trocó en cierta desilusión cuando me llevé a la boca tan curiosa composición. Fuera porque el frío apagaba los sabores o porque la morcilla de verduras resulta menos sabrosa que la tradicional —que a mi parecer marida mejor con la patata—, el caso es que el árbol no le dijo gran cosa a mi paladar. Muy suave también resultó la combinación el guiso de morros con bacalao y espuma de patata, todo un descubrimiento este contraste de sabores en principio tan inesperado.

El plato acaso más tradicional fue la paletilla deshuesada de cordero en su jugo con reducción de vino tinto acompañado de cuscús. Si en los platillos que lo precedieron lamenté sus reducidas proporciones —recuerdo que se trataba de un menú degustación—, en este caso la pesadumbre estaba aún más que justificada: aroma, textura y sabor despertaban aún más los sentidos, algo a la que tal vez tampoco fuese ajeno el tinto Arroyo Crianza 2010 —D.O. Ribera del Duero— descorchado para acompañarlo.

Para cerrar esta suite gastronómica, el menú incluía una más que ligera tarta de queso sobre frutos rojos cubierta con mousse de chocolate blanco, acompañada de brownie y decorada con una lámina de carambolo y hojita de hierbabuena, una propuesta dulce servida dentro de un tarro que finalmente sellamos con los consabidos cafés y unos chupitos de crema de orujo. Esto último fue cortesía de la casa, lo que no nos sorprendió en absoluto porque todo el equipo destaca por su más que correcta amabilidad, para nada engolada. El propio Antonio Arrabal derrocha una simpatía sin estridencias. Diría que es campechano si no fuera porque el término está un tanto devaluado por el uso y el abuso. Cuando se llegó hasta la mesa para preguntar nuestro parecer —ya nos saludó mientras nos buscaban acomodo— lo hizo con la sencillez del maestro, dispuesto no sólo a escuchar los halagos y alabanzas —merecidas, sin duda— sino también las sugerencias del comensal y aún los reparos, demostrando que la imagen ofrecida en televisión no era en absoluto una pose.

En esta ocasión dejamos sobre la mesa ochenta reales de vellón, a cuarenta euros por boca (en el tique aparecen dos conceptos: el segundo corresponde a la opción del menú de glotones). La experiencia valió realmente la pena. Tanto que, como le comentamos al propio chef, tendremos que regresar en otra ocasión para examinar con detenimiento su carta —aviso para navegantes: anuncian productos sin gluten— y recrearnos nuevamente con su cocina.

Fotos


Burgos | La Abbadía
Vista desde la mesa. Aunque no se vea la catedral, es Burgos

Burgos | La Abbadía
Carpaccio de pez mantequilla, para abrir boca (por fino que se corte, con la boca cerrada no se puede comer)

Burgos | La Abbadía
El fotógrafo no estuvo presto y casi no puede inmortalizar el falso tomate

Burgos | La Abbadía
Milhojas de membrillo surcando un plato

Burgos | La Abbadía
Árbol de Burgos entrevisto

Burgos | La Abbadía
Árbol de Burgos después de que levantase la niebla

Burgos | La Abbadía
Detalle del nido. La muy pájara no apareció, así que me zampé los huevos

Burgos | La Abbadía
Bacalao con morros (pero no estaba enfadado)

Burgos | La Abbadía
La (paletilla) sinhueso

Burgos | La Abbadía
No es decoración marina, que es tarta de queso

Burgos | La Abbadía
Para no confundir, el chef lleva el nombre en la chaquetilla

Burgos | La Abbadía
Prueba documental

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Restaurante La Scala (Zaragoza)

Hoy os presentamos de nuevo La Scala, restaurante del cual guardamos un buen recuerdo pues fue precisamente aquí donde se gestó el proyecto Moverelbigote hace ya dos años. La comida no fue tras la barra, sino en la mesa del final del pasillo a la derecha. En esta ocasión nos envía la crítica Félix González Torcal. Gracias 1000.

Lunes, 9 de la noche, el estómago haciendo cosquillas y una cocina en marcha, estaban todos los ingredientes para degustar un menú de alto nivel. El lugar decidido “La Scala”, en la C/ Sanclemente 4, y los comensales 2 jóvenes hambrientos. Para los que no estamos acostumbrados a los altos niveles gastronómicos ya hay una sorpresa muy grata al abrir la puerta, una decoración basada en el blanco que da sensación de limpieza, así cómo una cocina escondida tras un cristal que te deja ver con claridad la pulcritud que su equipo utiliza en la elaboración de los platos.

Mesas montadas con una original manzana que da un toque de color en el centro, mucho espacio y un hilo musical, te dan la bienvenida. A solas con el metre nos dedicamos a escudriñar la carta en busca de nuestra cena, y degustamos durante la espera unos pequeños bombones de queso, foie y almendras, una buena manera de abrir el apetito.

Primera elección, “Mi-cuit de foie con confitura de tomate” una gran decisión a decir de nuestras caras al probarla. Un vaso con tostaditas de pan para untarla, 2 láminas de foie y una exquisita confitura, quizá esta última un poco escasa, pero de gran sabor. A la vez otra decisión importante, el vino, el deseado, un “Baltasar” no estaba a la temperatura deseada, así que nos dejamos aconsejar por el especialista del local, que nos llevó a un Borlan (Campo de Borja) cuyo sabor maridó a la perfección con nuestras elecciones, muy buen vino. Como primer plato quisimos compartir dos medias raciones, una de “Trigueros con Foie”, correctos, y unos “Huevos Rotos con Jamón”, también correctos.

Comenzaba entonces la parte más importante de nuestra cena, los segundos platos. Un “Solomillo de Buey con Pastel de Patata”, al punto, con un sabor extraordinario y una generosa ración, el Pastel de Patata ni bien ni mal, muy bonita presentación para un sabor muy corriente. El otro segundo era un “Cochinillo Confitado y Crujiente”, sinceramente para mi, lo mejor que hubo en la mesa, a parte de la compañía. Un punto de sal perfecto, una corteza crujiente pero para nada seca y una carne muy sabrosa, un plato de 10.

Llegó la hora de los postres y de nuevo nos dejamos aconsejar, muy buena decisión. Unos postres caseros dignos de nuestras abuelas, elaborados y en su punto, un gran final para una cena: Un “Tiramisú de Chocolate” y una “Tarta de Manzana con Helado de Vainilla”. Ambos excelentes, caseros y con un gusto a buena cocina que hace pensar en repetir.

Que no se me pase por alto, muy buen servicio, atento y personalizado que hace sentirse cómodo en el recinto. Café y a dormir, sinceramente un sitio aconsejable al cual llevar a quien deseemos que repita en nuestra compañía.

Por suerte (para nosotros) la cena era un regalo, así que no tuvimos que preocuparnos por la suma total de lo consumido, aunque mi estimación de la misma, sería de 80 a 90 € (40-45€ por barba).

Fotos:


Zaragoza | Restaurante La Scala | Micuit de foie
Micuit de foie

Zaragoza | Restaurante La Scala | Trigueros con foie
Trigueros con foie

Zaragoza | Restaurante La Scala | Huevos rotos con jamón
Huevos rotos con jamón

Zaragoza | Restaurante La Scala | Solomillo de buey
Solomillo de buey

Zaragoza | Restaurante La Scala | Cochinillo
Cochinillo

Zaragoza | Restaurante La Scala | Tarta de manzana
Tarta de manzana

Zaragoza | Restaurante La Scala | Tiramisú
Tiramisú


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Isla del Encanto (Islas del Rosario, Colombia)

Es una pena que para ir a comer a Isla del Encanto (Islas del Rosario, Mar Caribe) tengas que pasar un día inolvidable viendo arrecifes de coral, tirado a la bartola bajo una palmera en una playa de arena blanca y cosas del estilo. Pero ya sabéis que en Mover el Bigote hemos nacido para trabajar, y esta ocasión lo valía porque fui a Colombia con la misión de celebrar apropiadamente el segundo aniversario de este blog (que es hoy). Así que si es necesario pasar por tal sufrimiento para el bien de nuestros lectores, lo aceptamos y sufrimos.

La jornada empezó sobre las 8 de la mañana, cuando pasó un señor a recogerme al hotel y nos dispusimos a pasar por otros dos hoteles a por más gente antes de llegar al puerto de Cartagena. En total llegamos allí dos mexicanos, una pareja de argentinos y el menda (gashego). Nos cobran la salida del puerto y el paquete de ir a la isla a comer y nos montan en una lancha donde ya había más gente y desde donde nos dirigimos a la Isla del Encanto. En total diría que unos 50 minutos de travesía marítima.

Al llegar a la isla y después de esquivar a los vendedores de collares, nos dan cuatros maneras de hacer tiempo hasta la hora de comer:

  1. Bucear
  2. Hacer snorkeling (o como se llame, es ponerse una gafas y mirar dentro del agua a ver si pasan peces por debajo)
  3. Ir a un acuario
  4. Pasar la mañana en la playita que hay en la zona habilitada de la isla

Yo nunca había buceado y tampoco tenía ninguna intención de hacerlo en la vida. En absoluto. Cero. Así que me apunté a ello aún con miedo de no ser capaz de hacerlo o de tener un ataque de pánico a 12 metros de profundidad, de quedarme sin aire, de perder el tubo y tragarme todo el agua del Mar Caribe o de ser víctima de cualquier otra desgracia.

Pues eso, que me apunté y me encontré con el instructor y una chilena (Pamela) que ya había buceado antes varias veces escuchando una clase acelerada que tenía cuatro puntos vitales a tratar: respirar, divertirse, compensar… olvidé el otro. También nos enseñó varios gestos para comunicarnos debajo del agua y alguna otra cosa más. Demasiada información en poco rato, lo que sumado a la ansiedad de la primera vez (de bucear, digo) hicieron que todo quedara a expensas del destino.

Después de la explicación, nos montan en la lancha junto a los que habían elegido snorkeling de ese y nos llevan a un centenar de metros de otra isla. Allí dejaron a casi todos amorrados buscando peces y a la chilena y a mi nos pusieron el equipo (chaleco, bombona de aire, tubos, gafas, aletas) y nos soltaron al agua. Digo soltaron, pero el instructor estuvo muy atento en todo momento… lo cual es bueno porque de otro modo yo no estaría aquí ahora con esta crónica. Debo reconocer que no tengo el don de la coordinación y mi buceo es, vamos a decirlo así, de técnica poco depurada.

El arrecife de coral es algo impresionante. Los peces, de mil colores, Incluso había debajo de una roca un pedazo de bicho con bigotazos que debía ser la madre de todas las langostas. En resumen, el buceo fue espectacular como nunca imaginé. Ya que no se puede comer enseguida, por lo menos que la espera sea amena… ¿no?

En fin, terminó el buceo y ya de vuelta a la isla por fin pudimos comer. A estas alturas ni siquiera tengo muy claro lo que comí. Más o menos fue un plato con alubias y otras cosas y de segundo pescado con arroz de coco, macarrones y algo más. Fruta como postre y zumo de algo para beber. Sea como sea, puedo afirmar que el tema fue más bien flojito tirando a flojo.

Después de comer, siesta en la playa y otra vez a la lancha para volver a Cartagena. A las 16.30 horas llegamos al muelle, justo a tiempo para acercarse al Supermercado Carulla a comprar algo para merendar. Ahí termina la crónica.

Dado que el único objetivo de pasar el día en Isla del Encanto era comer, y que como ya he comentado para ello había que pasar por todo lo narrado, asigno todos los gastos al hacer gastronómico. El total es de 290.000 pesos colombianos (122,84 euros al cambio), que se desglosan en:

  • 98.000 pesos: viaje de ida y vuelta a Isla del Encanto: del hotel al puerto en coche, del puerto a la isla y otros desplazamientos por agua en la lancha.
  • 12.000 pesos: derechos de entrada al puerto (o de salida al mar)
  • 130.000 pesos: actividad de buceo en el arrecife de coral. La parte con más sufrimiento, nunca la olvidaré.
  • 50.000 pesos: las fotos y videos del buceo. Hay que comprarlas, qué vas a hacer.

Como se puede ver, un poquito caro. Otra cosa sería que hubiera ido en plan de ocio, ya que en ese caso no me parecería tan caro (un día es un día).

Fotos:

Colombia | Islas del Rosario | Comida
Comida

Colombia | Islas del Rosario | Buffet
Buffet

Colombia | Islas del Rosario | Buffet
Buffet

Colombia | Islas del Rosario | Isla del Encanto
Isla del Encanto

Colombia | Islas del Rosario | Buceo
Buceando antes de comer. Lo que es la vida

Colombia | Islas del Rosario | Ticket
Ticket

Colombia | Islas del Rosario | Cancha
Cancha en el Caribe

Colombia | Islas del Rosario | Lancha Bravo Tax 36
La lancha

Colombia | Islas del Rosario | Señor
Un señor

Colombia | Islas del Rosario | Islote
Islote

Colombia | Islas del Rosario | Islote
Islote con pelícano

Colombia | Islas del Rosario | Hamaca y playa
Siesta después de comer

2012-10-31 16.40.35
Unos argentinos a los que conocí, buena onda

Mapa:


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Restaurant Ca l’Ignasi (Cantonigròs, Barcelona)

Atención: este restaurante ha sido galardonado con una Estrella Mover el Bigote

Ca l’Ignasi es un restaurante al que siempre gusta volver y, aunque no está al alcance de mi bolsillo repetir muy a menudo, sí he podido ir guardando un rinconcito de vez en cuando y con esta última han sido ya cuatro las veces en que me he regalado un par o tres de horas allí.

Con el párrafo anterior queda claro el sentido de mi crítica: me gusta Ca l’Ignasi. Me gusta también Cantonigròs, el pueblo donde está ubicado. De hecho porque me gusta el segundo descubrí al primero.

Pero vamos a la alimentación, que este no es miqueridodiario. En Ca l’Ignasi hay carta y dos menús: el de degustación a 52 euros por barba (bebida y café aparte) y otro de temporada: ahora toca otoño y está a 44 euros por barba.

En esta ocasión nos decidimos por el menú degustación (lo sirven a mesa completa). Esto es lo que llevaba:

  • Aperitivo: longaniza de Can Riera de Vic
  • Terrina de hígado de pato del pueblo con higos y garnatxa
  • Ensalada de alcachofas y jamón de bellota
  • Coca de cebolla, tocino de Dolores y queso de Maó
  • Taco de morro de bacalao con confitado de pimiento y cebolla de Figueres
  • Fricandó de ternera con “camasecs”
  • Crema de requesón del pueblo, cabello de ángel y pan de especies
  • Hatillo tibio de trufa de chocolate de Vic

Para beber fueron dos botellas de agua Sant Aniol, una de medio de Vichy Catalán y una botella de tinto Venus La Universal 2005 DO Montsant (33 euros, 33 al cambio).

Para mi todo estuvo delicioso, como en las anteriores ocasiones. A la mayoría de comensales lo que más les gustó fue el bacalao, aunque yo pese a ser más de pescado que de carne disfruté más de la ternera. El hígado de pato estaba muy bueno y a mi me encantaron las alcachofas de la ensalada, muy finas y doraditas. Como postre, triunfó la mezcla de requesón con cabello de ángel.

Como punto negativo, la presentación de la coca que es a mi parecer algo desangelada. Y digo negativo por poner un contrapunto, ni que sea leve. Aunque abundando en la coca mencionaré que estando buena antes tenían otra que era brutal y por comparación pierde la actual.

Entre unas cosas y otras la comida salió a 62 euros por persona (exactamente 62 al cambio). No es barato, desde luego, pero recomiendo el esfuerzo.

Fotos:

Cantonigròs | Ca l'Ignasi | Aperitivo: longaniza de Can Riera de Vic
Aperitivo de longaniza

Cantonigròs | Ca l'Ignasi | Terrina de hígado de pato del pueblo con higos y garnatxa
Terrina de hígado

Cantonigròs | Ca l'Ignasi | Tostadas para acompañar al foie
Tostadas para el hígado (del pato)

Cantonigròs | Ca l'Ignasi | Ensalada de alcachofas y jamón de bellota
Ensalada de alcachofas y jamón de bellota

Cantonigròs | Ca l'Ignasi | Coca de cebolla, tocino de Dolores y queso de Maó
Coca

Cantonigròs | Ca l'Ignasi | Taco de morro de bacalao con confitado de pimiento y cebolla de Figueres
Taco de bacalao

Cantonigròs | Ca l'Ignasi | Fricandó de ternera con "camasecs"
Fricandó de ternera

Cantonigròs | Ca l'Ignasi | Guarnición del fricandó: patatas fritas
Patatas para acompañar al fricandó

Cantonigròs | Ca l'Ignasi | Crema de requesón del pueblo, cabello de ángel y pan de especies
Crema de requesón, cabello de ángel y pan de especias

Cantonigròs | Ca l'Ignasi | Hatillo tibio de trufa de chocolate de Vic
Hatillo tibio de trufa de chocolate de Vic

Cantonigròs | Ca l'Ignasi | Petit fours
Petit fours

Cantonigròs | Ca l'Ignasi | Vino Venus
El vino

Cantonigròs | Ca l'Ignasi | Agua Sant Aniol y carta
Agua y carta

Cantonigròs | Ca l'Ignasi | Decoración otoñal
Decoración otoñal

Cantonigròs | Ca l'Ignasi | El comedor, todavía vacío
El comedor, todavía vacío

Cantonigròs | Ca l'Ignasi | El restaurante estaba a tope
El comedor, a tope

Cantonigròs | Ca l'Ignasi | Fuego a tierra
Fuego a tierra

Cantonigròs | Ca l'Ignasi | Ignasi y Laia
Ignasi y Laia son gente seria

Cantonigròs | Ca l'Ignasi | La mesa después de comer
La mesa, arrasada

Cantonigròs | Ca l'Ignasi
El restaurante

Cantonigròs | Ca l'Ignasi | La cuenta
La cuenta

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La Cocina de Alex Múgica (Pamplona)

Presentamos, en el ecuador del concurso, el post nº8 del 1er Concurso crítica gastronómica Moverelbigote: La Cocina de Alex Múgica (Pamplona) a cargo de Fernando Ross.

En la famosa y por todos conocida calle Estafeta de Pamplona se encuentra el Restaurante La Cocina de Alex Múgica donde, el pasado día 11 de octubre, tuve el honor de ser invitado a cenar y disfrutar de las tantas veces oída y como tan poco catada “cocina de autor”.

Nos presentaron un menú al escandaloso (para mi madre) precio de 48 euros por persona, regado con (y cito) “una cerveza única madurada lentamente en bodega” que responde al nombre de Cruzcampo Gran Reserva. Ustedes me perdonarán, pero hasta aquel día siempre había considerado la cerveza Cruzcampo como una cerveza de calidad media-baja, pero viendo como en restaurantes de postín es recomendada he de pensar que estoy equivocado.

Pasamos a enumerar los platos presentados:

Crujiente de chistorra y queso – Huevo con setas, patata y foie, al aroma de trufa: La presentación puede gustar o no. Lo que a uno le puede parecer un alarde de originalidad a otro le puede recordar al contenedor de debajo de su casa. Me centraré en los sabores. El crujiente (que es lo de la derecha) delicioso, pero pequeñísimo y respecto a lo que había dentro del huevo roto exquisito también.

Changurro con anchoas, menuda lata! : Continuando el homenaje al reciclaje nos presentaron el segundo plato sobre una lata de anchoas, que, en mi opinión personal fue el más interesante de la noche. A este plato le acompañaron los indicados más abajo, cuyos nombres rimbombantes lo dicen todo y a lo que solo puedo añadir que estaban deliciosos, y eso que la noche para mí no prometía (gastronómicamente hablando) ya que no soy para nada amante del pescado, dicho sea de paso.

Seguimos: “Nuestro bacalao ajoarriero con langostino en tempura y boletus” fue el siguiente plato. Más pescao… En fin, si me hubieran dejado elegir hubiera preferido que me pusieran otra “lata de anchoas” como la de antes. Me pareció un plato un poco frío, en los dos sentidos: frío de temperatura y frío porque no me decía nada.

Hamburguesa de pato, salsa carbonada aromatizada con foie y su guarnición de otoño : En la foto se ve la hamburguesita chiquitita, chiquitita… ¡qué monada!. En este momento de la noche ya había mezclado demasiado vino y cerveza por lo que no me acuerdo especialmente de su sabor. Creo recordar comentarios positivos de mis compañeros de mesa respecto a este plato por lo que los doy por buenos y califico este plato
como Notable.

Cremoso de limón con frutos del bosque y galleta rota de nuez : Llegamos a los postres, con este copazo que me desconcertó un poco, más que nada porque yo esperaba la tarta de queso o cuajada o tarta al guisqui (tradicional que es uno). Rico, sin más.

Petit four : “Norcilla” de arroz casera. Bueno, el nombre no me parece un alarde de originalidad. La gracieta de hacer un juego de palabras con nocilla y morcilla ya la inventé yo en los años 70-80 (como el chiste del perro que se llamaba “mis tetas” que también me lo inventé yo, lo juro). Desde el punto de vista de su sabor (dejando el nombre aparte) pues sí, estaba bueno.

Finalizo hablando de la decoración… Moderno y con gusto, salvo el detalle de unas cabezas de toro en las paredes de la entrada (así, a modo de trofeo). Según me comentaron el dueño tiene afición al arte de los toros y además, encontrándonos en la calle Estafeta (en pleno recorrido del encierro) es más que lógico un detalle así (me guste o no, qué le vamos a hacer).

Fotos:


Pamplona | La Cocina de Alex Múgica | Chistorra y huevo
Chistorra y huevo

Pamplona | La Cocina de Alex Múgica | Changurro con anchoas
Changurro con anchoas, menuda lata!

Pamplona | La Cocina de Alex Múgica | Bacalao con langostino
Bacalao con langostino

Pamplona | La Cocina de Alex Múgica | Hamburguesa de pato
Hamburguesa de pato

Pamplona | La Cocina de Alex Múgica | Cremoso de limón
Cremoso de limón

Pamplona | La Cocina de Alex Múgica | Norcilla de arroz
Norcilla de arroz

Pamplona | La Cocina de Alex Múgica | Plano
Plano

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