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Ming Cocina Asiática (Alicante)

Quería cenar ligerito y estuve mirando por internet algunas opciones cerca de la calle Segura de Alicante, donde estaba alojado. Había visto un japonés en la misma calle al llegar a la ciudad, pero no terminaba de apetecerme así que me lancé a esa búsqueda y encontré un vegetariano a 4 calles de distancia. Así que tracé un plan:

  • A. Vegetariano
  • B. Japonés (si el vegetariano estaba cerrado)

Tenía plan A y plan B, así que la cosa no podía fallar. Me dirigí al vegetariano y cuando llegué me topé de bruces con la realidad de un lunes por la noche en muchos restaurantes: estaba cerrado. Así que, molesto pero tranquilo, me dirigí de regreso a la Calle Segura dispuesto a dar buen uso de un par de palillos mientras un tenedor y un cuchillo se morían de risa en un rincón de la mesa que me ofrecieran.

Una calle, dos calles, tres calles, cuatro calles. Doy la vuelta a la esquina, y… ¡joder! Pero si media hora antes estaba la persiana arriba, las luces encendidas y un señor con pinta oriental fumando delante de la puerta… pues el tipo al parecer se acabó su dosis de alquitrán y cerró el chiringuito…

Así que se imponía un plan C, que puse en marcha de forma diligente buscando un sitio que cumpliera tres condiciones:

  1. Que estuviera cerca
  2. Que me permitiera cenar ligero
  3. Las dos anteriores a la vez

Después de descartar algunas opciones que parecían altamente grasientas a la vista, llegué a la puerta del Ming Cocina Asiática. Decía que tenían buffet, así que pensé que podría tomar una gran ensalada y alguna otra tontería para acabar de llenar el buche.

Al entrar, una señora me asigna una mesa y me pregunta si quiero buffet o carta. Miro a mi alrededor buscando el buffet pero no veo nada, así que le pregunto cómo funciona. Me responde:

Ésta es la carta del buffet (mostrándome un desplegable en papel con fotos y nombres de comida); me tienes que pedir a mi lo que quieres y te lo hacemos; lo que pidas te lo tienes que comer, si dejas algo en un plato te cobramos el plato entero a precio de carta; aquí tienes las instrucciones.

Y estas son las instrucciones:

Alicante | Ming Cocina Asiática | Instrucciones del buffet

Qué queréis que os diga: yo me acojoné un poco. Descarté enseguida la reducción de precio porque sobrepaso en 136,15 veces el requisito mínimo de 1,30 cm de altura. Por otro lado, en el momento en que pidiera algo estaba firmando un contrato escrito.

Valoré la opción de levantarme e irme a buscar otro sitio, pero varias razones (dos, en concreto) me disuadían:

  1. Ya me había costado bastante entrar a un primer restaurante como para empezar a buscar de nuevo
  2. La señora asiática me miraba con cara de malas pulgas

Así que me armé de valor y, siguiendo la máxima del 1, 2, 3 de aquí hemos venido a jugar, pedí sashimi de salmón, un plato de tempura mixta y una cerveza sin alcohol. La idea era que si las cantidades eran grandes con eso sería suficiente, y si eran pequeñas iría pidiendo según viera. El plan perfecto.

Llegó el sashimi y era esto:

Alicante | Ming Cocina Asiática | Sashimi de salmon

Como se puede apreciar, había más salsa de soja que salmón. Paralelamente me habían traído una tapa de edamame, que por lo que he leído después son vainas de soja.

Alicante | Ming Cocina Asiática | Tapa Edamame

En realidad que eran vainas estaba claro (aunque la foto sea borrosa), pero que fueran de soja no pude distinguirlo; lo que sí pude distinguir fue que estuve a punto de morir ahogado por la primera y única vaina que me metí en la boca (y eso que no sabía si me lo iban a cobrar aparte): después de intentar sin éxito triturarla con las muelas pensé que me lo tragaría y problema resuelto, pero la p*** vaina se quedó trabada por donde habita la faringe y un poco más y lloro intentando deshacer el atasco. Finalmente y gracias a la cerveza (pan no había pedido por si no me lo podía acabar) la vaina desapareció camino del esófago, desde donde imagino que la mandarían al estómago y a partir de ahí ya no os lo explico.

El caso es que después de recuperarme de esa experiencia cercana a la muerte me zampé el salmón en un periquete y me dispuse a esperar a que llegara la tempura. Pasaron al menos diez minutos, así que después de ver el tamaño y cantidad del salmón me envalentoné y decidí pedir lo siguiente a la tempura. Si tardaban tanto en cada operación no iba a salir de allí hasta las doce de la noche, así que lo mejor era adelantar trabajo.

Llamé a la camarera y le pedí dos platos más: tiras de pollo rebozadas con chili dulce y rollitos vegetales. Calculé que con eso sería suficiente y ya podría dar paso al postre (helado, según indicaba la carta del buffet). Todo marchaba según las mejores vibraciones.

No había pasado ni un minuto desde que pedí los dos platos cuando llegó la mujer con la tempura. Madre del amor hermoso, creo que incluso me puse colorado al comprobar que acababa de caer en la temida y archiconocida trampa bengalí del menosamás. Este era el plato de tempura:

Alicante | Ming Cocina Asiática | Tempura mixta

En la foto quizá no lo parece, pero ahí había mucha comida. Y muy rebozada. Apenas un par de minutos después llegó el resto del pedido:

Alicante | Ming Cocina Asiática | Tiras de pollo rebozadas con chili dulce

Alicante | Ming Cocina Asiática | Rollitos vegetales

Tenía que terminarlo todo costara lo que costara, así que como si fuera un lemming obsesionado con el tenedor (ese no era momento para tontear con palillos chinos) me dispuse a concentrarme en los platos de comida intentando no mirar el conjunto sino solamente lo que estaba masticando en cada momento. Hay que ir partido a partido.

El pollo picaba pese a estar muerto y mi moral se iba debilitando, al tiempo que no ayudaba el hecho de que la guardiana del lugar no dejara de fiscalizar todos mis movimientos (imagino que quería evitar que en un descuido guardara la comida en los bolsillos).

Alicante | Ming Cocina Asiática | Cerveza y señora vigilante

Más de una vez y de dos estuve tentado de sacar la tarjeta de crédito y comprar mi libertad al precio que fuera. Pero no desfallecí y, después de no poco sufrimiento, lo conseguí y no quedó nada en ninguno de los platos.

El vendedor 1, imagino que admirando mi capacidad de superación, me dejó cambiar el postre por un café y me ofreció un chupito. A esas alturas el dinero ya me daba igual, así que acepté un poco de licor de manzana sin saber si me lo iba a cobrar (no lo hizo).

Alicante | Ming Cocina Asiática | Café y chupito

Yo el café lo tomo sin azúcar, pero buscando la perfección y la máxima admiración de mis anfitriones decidí llevarme el sobre para no dejar nada en el plato.

Alicante | Ming Cocina Asiática | Azúcar

Al final la cuenta reflejó un saldo de 16,95 euros, lo que al cambio vienen a ser unos 16,95.

Alicante | Ming Cocina Asiática | La cuenta

Puntuaciones
Calidadwww.dyerware.comwww.dyerware.comwww.dyerware.comwww.dyerware.comwww.dyerware.com
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Preciowww.dyerware.comwww.dyerware.comwww.dyerware.comwww.dyerware.comwww.dyerware.com
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