Entradas con la etiqueta ‘Ibeas de Juarros’

La Cocina de los Claveles (Ibeas de Juarros, Burgos)

Agradecemos la colaboración de Rafael Ibañez que os presentamos.

Cuando por circunstancias casuales, casi imprevistas, te ves tentado a comer con tu pareja fuera de casa, parece que lo lógico es buscar algún establecimiento en el que poder comer aquello que habitualmente no encuentras en tu mesa. Lo curioso del caso es que, conforme a esta regla, no tiene por qué sorprender que nosotros eligiéramos el pasado sábado un restaurante de los llamados “de comida casera”, esos que sirven sustanciosos platos de cuchara que ya sólo nuestras madres o abuelas son capaces de elaborar artesanalmente de principio a fin. Claro, que comer una olla podrida en La Cocina de Los Claveles es tanto como disfrutar de las más selectas exquisiteces.

Después de casi medio siglo, la restauración de Los Claveles forma ya parte de la esencia de Ibeas de Juarros, un pequeño pueblo asentado a los pies de la carretera que desde Burgos se dirige a Logroño, Camino de Santiago y lugar de paso casi obligado para visitar los yacimientos de Atapuerca. Lo que comenzó siendo una humilde casa de comidas se ha convertido por una parte en La Ventana de Los Claveles, un agradable lugar de encuentro donde desayunar a primera hora, picar unos buenos pinchos a media mañana o disfrutar una copas originales al caer la noche; y por otra La Cocina de Los Claveles, establecimiento asentado sobre el solar del primitivo restaurante, del que mantiene el espíritu familiar en un ambiente moderno, decorado con grandes espejos y pizarras, en el que domina el contraste entre el blanco y el negro.

Lo normal, al menos en fin de semana, es que resulte necesario reservar con antelación. Por eso se puede decir que nosotros tuvimos suerte, porque no teníamos previsto comer fuera. Pero las cosas se terciaron así, de manera que cerca de las tres de la tarde llamamos desde el coche y tuvimos la fortuna de que nos reservaran una mesa mientras recorríamos los doce kilómetros que dista desde Burgos. Aunque la carta resulta muy atractiva y variada, nos limitamos a pedir olla podrida para dos, que regamos con un tinto D.O. Rioja Bordón Reserva 2006 y agua mineral. La base del plato son las pequeñas alubias rojas de la comarca, con una piel suave y una textura casi mantecosa si están bien cocinadas, servidas en un espeso caldo de vivo color. Con el acompañamiento de unas enormes, tiernas y picantes guindillas encurtidas, dimos cumplida cuenta de los tres cazos que cupieron en el plato, y yo aún repetí un par de cazos más tras la habitual invitación de la camarera. Después llegó el lío: tocino, manitas y costillas de cerdo, chorizo y morcilla, todo en cantidades más bien propias de tres comensales. Apetitoso homenaje al colesterol, resultó imposible acabárselo. Primero atacamos el tocino y la gelatina porcina, un verdadero manjar; las costillas y el chorizo resultaron algo más comunes, pero lamentablemente la morcilla desmerecía al conjunto tanto por su sabor algo pobre (puede ser que esté acostumbrado a otras más sabrosas) como por lo apelmazado que se mostraba el arroz al tratar de partirla.

Con todo eso entre pecho y espalda, aún encontramos un hueco para los postres. Evidentemente, no entraba en nuestros propósitos rematar la comida con postres industriales. Como no quedaba ni una ración de tarta Tizona —la mejor tarta de nata yema que nunca he probado—, yo pedí unos canutillos rellenos de crema con los que sufrí un pequeño fiasco, porque la dulzura de la crema era castigada por un hojaldre bien cocina pero sin un punto de azúcar y un sirope de chocolate de bote. En cambio, mi contraria se deleitó con una exquisita tarta de queso, con la base más fina que nunca he visto y una magnífica mermelada de frambuesa. Los cafés cortados con los que rematamos resultaron absolutamente prescindibles.
Como era de esperar, el importe de 53,70 € que tuvimos que pagar (al cambio, 26,85 € por comensal) fue ajustado para los platos de los que disfrutamos. El servicio resultó atento y bastante rápido pese a encontrarse el local repleto, incluso con algunos grupos familiares bastante numerosos. Y si la carta de La Cocina de los Claveles resulta relativamente amplia, las referencias de vino hacen de la suya una bodega especialmente cuidada.

Cuando viajéis Burgos, no olvidéis que la visita al Museo de la Evolución Humana debe complementarse con otra a los Yacimientos de Atapuerca y que nada hay mejor que una olla podrida en La Cocina de los Claveles para reponer fuerzas.

Fotos:


Ibeas de Juarros | La Cocina de los Claveles | Cucharón
Cucharón

Ibeas de Juarros | La Cocina de los Claveles | Olla podridaOlla podrida, parte I

Ibeas de Juarros | La Cocina de los Claveles | Guindillas
Guindillas

Ibeas de Juarros | La Cocina de los Claveles | Olla podrida
Tremendo documento

Ibeas de Juarros | La Cocina de los Claveles | Canutillos rellenos de crema
Canutillos rellenos de crema

Ibeas de Juarros | La Cocina de los Claveles | Tarta de queso
Tarta de queso

Ibeas de Juarros | La Cocina de los Claveles | Factura
Ticket


Puntuaciones
Calidadwww.dyerware.comwww.dyerware.comwww.dyerware.comwww.dyerware.comwww.dyerware.com
Summarize why you chose this rating
Preciowww.dyerware.comwww.dyerware.comwww.dyerware.comwww.dyerware.comwww.dyerware.com
Summarize why you chose this rating
Serviciowww.dyerware.comwww.dyerware.comwww.dyerware.comwww.dyerware.comwww.dyerware.com
Summarize why you chose this rating
Overallwww.dyerware.comwww.dyerware.comwww.dyerware.comwww.dyerware.comwww.dyerware.com

Mapa:
Ver mapa más grande

Me gusta(0)No me gusta(0)
Realidad aumentada
Layar
Twitter
Síguenos en Facebook
Google Plus